«La escuela es un poco diferente acá»

M.?C.

A CORUÑA

Los alumnos extranjeros, en general, tardan un año en coger el ritmo

14 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Cinco locales y cinco visitantes. Al 50%. Esa es la proporción de alumnos con nacionalidad española y extranjera que hay en una de las clases de tercero de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) en el instituto Menéndez Pidal, en Zalaeta. Pero ahí, en un aula llena de mapas del mundo, los visitantes ya no se ven como inmigrantes. Son unos alumnos más de A Coruña.

Aunque a algunos les costó integrarse, reconocen que sus compañeros y sus profesores les tendieron más de una mano para superar las dificultades tanto del idioma como del diferente sistema de enseñanza. El secreto también lo descubren desde la dirección del centro: «El porcentaje de inmigrantes que hay aquí está en torno al 9%, entonces la integración es fácil aunque son necesarios medios para llevarla a cabo. Luego al contrario de lo que puedan pensar muchos, no hemos abierto nunca ningún expediente disciplinario a ningún inmigrante».

Desde Cochabamba

Carolina tiene 15 años y lleva ya tres años en España. Llegó de la zona de Cochabamba, en Bolivia. Allí, en un estado en el que el gasto en educación ronda el 19,2%, el nivel en la escuela es inferior al que hay en Galicia, donde ese gasto supera el 22% delos presupuestos de la comunidad, tal y como confirma. Para ella fue un hándicap que ha logrado superar. «La escuela es un poco diferente acá. También noté el cambio de clima. Al principio no me sentía bien, pero mis compañeros me acogieron bien y ya el año pasado estuve mucho mejor», explica.

Un par de pupitres más atrás, al final de la clase, está Kevin. También vino de Bolivia, pero de Santa Cruz, y también lleva tres años en la ciudad de A Coruña. «El primer día estuve solo, pero luego en unos días ya hice amigos», explica. Ahora tiene pandilla en el centro escolar, un grupo mixto en el que junto con otros escolares españoles forma amistad con otro joven portugués de su misma clase, Joâo.

Para este chico la integración fue mucho más fácil. El español no le costó porque ya lo había estudiado antes y tampoco se le han atragantado materias que a otros compañeros se les hacen cuesta arriba como el inglés. Portugal juega con ventaja en ese tema.

Para Esperanza, otra de las alumnas extranjeras que hay en la clase, adaptarse al clima fue lo peor de su traslado. Llegó de Perú hace solo once meses, pero ya cogió el ritmo de la clase. «Allá piden más en algunas materias como matemáticas, ciencias, biología..., pero luego hay otras que están peor», explica.

El quinto compañero extranjero no estaba en clase. Es chino y llegó hace poco de su país. Aprender español le cuesta, aunque es muy bueno en matemáticas. Por eso no estaba con sus compañeros en el aula. Estaba en una clase de refuerzo para poder sumergirse en el idioma español.

Facilidad para el idioma

Menos complicado que los alumnos chinos a la hora de aprender el lenguaje lo tienen los jóvenes que llegan de alguno de los estados del Este de Europa. La razón, tal y como explican algunos de los profesores del centro, es que tienen una especial facilidad para los idiomas. Es el caso de Georgin Petrov, un alumno búlgaro que quiere estudiar Arquitectura. El español lo aprendió rápido, «en un año o año y medio». El gallego le cuesta más, «aunque o entendo», explica. La diferencia cultural no fue tampoco un problema. «Aún soy joven y me ayudaron bastante. También es bastante fácil acostumbrarse a la vida de aquí, pero tampoco vi tantas diferencias con Bulgaria», comenta.

Para Daniel Galaktionov, otro alumno ruso de primero de Bachillerato, más complicado que aprender el español fue que los otros compañeros no vieran su acento como algo extraño. «Por el acento hay quien te ve como alguien extraño. Pero ahora me encuentro bien aquí. La mayoría de la gente me trata bien. Lo que más me importa es que otros lo vean como algo bonito», comenta.

Botellón

La que percibió el choque cultural, pese a ser descendiente de gallegos, es Noelia, una joven de 17 años que está en cuarto de Enseñanza Secundaria Obligatoria. «Al llegar extrañaba a los amigos y luego, a la hora de ir por ahí, aquí no se iba a bailar, la gente va a tomar algo. A la hora de divertirse es de otra forma. Allí no hay botellón», explica.

En eso está de acuerdo también Ana María Suárez, una joven que llegó de Cali, en Colombia. «Hasta las canciones son diferentes», apunta la joven, que ve a los españoles mucho más inmaduros que a los que hay en su ciudad. En líneas generales, tal y como explica una de las orientadoras que hay en este centro educativo el tiempo que un alumno extranjero tarda en coger el ritmo es sobre un año. Pero, matiza, que esto es algo en lo que no se puede generalizar.