Adolfo López: «A Coruña vive de espaldas a la Ciudad Vieja, pero es un casco muy valioso»
Héctor Francesch: «Como todo buen autónomo, me siento mal si no trabajo »
Tonecho Pedreira Mora: «Los que trabajamos en la Torre somos unos privilegiados»
Beatriz pérez Coleman: «Se podría crear una fundación que reúna la obra de mi marido»
Amalia Brandariz: «Cuando llegaban aquellos emigrantes de Suiza y Alemania hacían una fiesta»
Miguel Torre Cervigón: «Tuvimos el mejor Oceanográfico»
Víctor Iván Pombo: «Antes había olas muy buenas»
Juan Carlos Sanmiguel: «El cómic gallego está cachas»
Ramón Núñez Centella«La pregunta es el motor de la ciencia»
Bernardino Dacal: «Claudio San Martín me daba mil pesetas para tomar café»
Héctor Tapia: El menos «hippy» de la calle Agar
Carlos Pérez Maldonado: «Uno de los mitos es que en los museos solo se lo pasan bien los niños»
José Manuel Alonso Platas: «A esta acera le llamaremos el paseo do Caldo, por doña Lola»
Benilde Barros: «Soy, ante todo, de los Castros; luego me hice coruñés y motero»
Batís Campillo: «Mis galeristas de Nueva York ya saben pronunciar bien la 'ñ' de A Coruña»
Emma María Campo: «Los mantones hacia Cuba se acabaron con Fidel Castro»
Alfonso Costa: «A Coruña foi a cidade que me abriu as portas da arte»
Quique Peón Mosteiro:«O dos integrantes de Xacarandaina é un voluntariado cultural en toda regra»
José Manuel Barros López: «Las conchas que recojo en Riazor son mis pastillas contra la depresión»
Alberto Ruiz de Samaniego: «El arte contemporáneo quizá no sepa explicarse bien»
Manuel González Merelas: «Na miña infancia eran tempos duros, pero agora pode ser peor»
Jesús María Reiriz Rey: «De la Coruña me gusta todo»
Xosé Alfeirán Rodríguez: «He tenido el enorme privilegio de vivir 800 años de historia en uno solo»
Juan Buján Castro:«Los clientes dicen que les dejo huérfanos»
Jorge Cabezas: «Mi generación soy yo»
Araceli González Díaz: «Recibo mucho más de lo que doy»
Juan José Casteleiro: «Mi jubilación en la cabina será antes de lo que se piensa»