Los moradores de los inmuebles abandonados en esa calle dejan el que hasta hace poco era su hogar
22 jul 2008 . Actualizado a las 11:35 h.Los obreros ya entraron en los bajos de los inmuebles 8 y 8 bis de la calle Santa Lucía. Hasta ayer, la presencia de personas en su interior impedía el deseo de su propietario: realizar las labores de limpieza que le había ordenado el Ayuntamiento.
«Ao piso non imos entrar ata mañá», explicaba Juan Rosende, propietario del edificio y promotor de la obra que proyecta en él, en la acera de enfrente a la casa. Mientras, una cuadrilla de obreros no dejaba de trasladar en carretillas escombros para un contenedor exterior. Procedían del bajo. El portal seguía cerrado con el mismo candado de los días pasados.
¿Siguen Cristina Faria y José Guimaraens, el matrimonio portugués que vivía en él, morando en su interior? Por la mañana, el promotor decía desconocer si la pareja, que la semana pasada se negaba a desalojar la casa, seguía dentro de esta. Un compañero suyo, ante la curiosidad de los vecinos, expresaba la misma duda. «No sabemos si están dentro o no».
Por la tarde, sin embargo, aseguraban que ya se habían ido. Al parecer, en un momento que se ausentó, estos se marcharon. Decían que en torno a las 8.30 horas, y sin que ellos se dieran cuenta. Pero, pese a contar con la llave del candado, la entrada al inmueble quedaba aplazada para hoy. A primera hora, los obreros que se afanaban en retirar basura de los bajos harán lo mismo en los pisos.
Pese a que los inmuebles han sido tapiados (a excepción del número 8), ayer por la tarde los vecinos aseguraban haber visto cómo un vagabundo salía con maletas del número 9. También se ha visto cómo acuden personas a pasar la noche. Los residentes piensan que entran por los patios de luces o bien trepan hasta los primeros pisos. Ayer a las 10.30 horas un hombre saltaba desde el balcón del primer piso.
También surge la nostalgia. Jose Manuel Darrocha, que durante tres años residió en el número 11, pasa diariamente por la zona. «Ahí viví yo», decía señalando su antigua ventana. Ahora no tiene casa, vive bajo un puente cercano. Espera encontrar un lugar mejor.