El escape de gas que se produjo en el polígono de la Grela alteró la vida normal de varias empresas y de trabajadores de la zona
16 jul 2008 . Actualizado a las 11:37 h.Las reparaciones que hubo que realizar en la calle Pasteur debido a la rotura de una tubería de Gas Coruña no solo tuvieron su reflejo en el corte de tráfico, sino que alteraron la vida normal del polígono. Poco después de producirse el suceso, la primera orden de los bomberos fue la de bloquear las vías de acceso de las naves con el fin de que el gas no entrase en el interior de los negocios.
«Vinieron de la Policía Local aquí y nos mandaron cerrar», comentó Amadeo Antelo, el responsable de Progasca, una empresa que vende al por mayor elementos de ferretería y fontanería. Aunque en el interior todo se desarrollaba sin problemas («Trabajamos con normalidad en el interior», confirmó) el día tubo un serio obstáculo: «Durante dos horas o así, no pudieron venir ni clientes ni agencias, ni nada».
En la nave contigua se asienta C.Y.C, dedicada a la venta de artículos de papelería. Mariano Codesino, su propietario, explicó resignado cómo afectó el accidente a su negocio: «Nos dio totalmente, porque estuvimos toda la mañana sin vender un duro». Como en el caso de Progasca, tuvieron que permanecer en su negocio atendiendo las órdenes de los agentes: «No tuvimos que cerrar, pero no pudo entrar nadie a comprar. Aislaron toda la calle y no pudo entrar ni una sola persona aquí en toda la mañana. Lo que pasa es que, aún encima, no lo hacen con mucha amabilidad».
En los dos casos, los empresarios no dejaban de pensar en el perjuicio económico. «Lo lógico sería que la empresa que con sus obras produce esas pérdidas se haga responsable de ellas», dijo Mariano Codesino, que, no obstante, se mostró escéptico al respecto: «En este país no se sabe. Estamos un poco en plan tercer mundo».
Tensión
En los primeros instantes del se vivieron momentos de tensión. La zona no estaba vallada y algunos curiosos se acercaban. Poco a poco, se fue cercando la zona de la fuga, y el perímetro de seguridad se fue agradando a medida que se iba tomando conciencia del riesgo. Ello provocó situaciones como la de Susana Amado, que vio su coche atrapado dentro del cordón policial. «Acabo de chegar, vou a coller o coche e me din que non, que non o podo retirar porque hai un escape. Esta alí -decía señalando a la zona en la que los bomberos trabajan-. Vai o meu marido ver que pasa, a ver se podemos saír por aquí». Mala suerte la suya: «Estamos de paso por aquí, é casualidade».
El que sí es trabajador es Mesías Jacob, un brasileño que salió un momento del trabajo y, al regresar, se encontró con el precinto de la policía. «¡Que voy a trabajar, que yo trabajo en aquel taller!», le explicaba al agente que vigilaba el cerco. Pero este no cedía. El trabajador, preocupado, explicaba que no podía avisar a su jefe: «No me dejan pasar y lo llamo al móvil y no me contesta. Espero que vea lo que está pasando».
Jacob no tuvo que esperar mucho. Veinte minutos más tarde, a las 12.20, con la situación ya controlaba, los agentes dejaban desplazarse por los laterales. Poco después de la una, todo volvía a la normalidad.