El descaro de barrio en la cima

La Voz

A CORUÑA

Coliseo. Viernes. 22.30 horas. 26.5 euros anticipada y 29,50 euros en taquilla (902504500)

26 jun 2008 . Actualizado a las 12:39 h.

Estopa es uno de esos grupos que le llevan la contraria a la globalización. En estos tiempos en los que uno es de Badajoz pero suena y se viste como si hubiera nacido en Texas, Estopa muestran a las claras su ADN. Nacidos en el cinturón industrial de Barcelona, en Cornellá, Jose y David Muñoz, dos hermanos hijos de emigrantes extremeños, suenan precisamente a eso: a extrarradio, trabajo en cadena con el fin de semana en el horizonte, rumba catalana, coche tuneado, verborrea de bar y chulería de la fina.

En su último trabajo, Allenrock, han intentado expandirse en pos de nuevos horizontes musicales, cansados quizás del ir a piñón fijo sobre su rumba poproqueada. Pero no hay manera. Todo se ha quedado en una capa de barniz ecléctico que, aunque varíe las formas, no afecta para nada a las esencias de la banda. Tanto dan esos arreglos barrocos de Era, el toque rockero de Jugar al despiste o las maneras funk de Rumba ke te rumba, si se raspa un poco sigue estando el ritmo vacilón, las frases ingeniosas y la dicción agitanada.

Así llevan desde 1999, cuando su debut homónimo estalló en las listas de éxito de manera imprevisible. «Por la raja de tu falda / me pegué un piñazo en un Seat Panda», fue el verso más coreado del verano del 2000. Luego, el hit El del medio de los chichos y aquellos dos chavales con mirada pícara se convirtieron en la sintonía oficiosa de las radiofórmulas del país.