Tras una semana tan ajetreada como esta, en la que se dudó incluso del abastecimiento de sardinas, Juan Iglesias lo tiene claro: «El lunes habrá sardinas, que nadie se preocupe por ello». Lo dice desde su puesto de la plaza de Lugo, en el que durante toda la semana el preciado pescado azul circuló entre su clientela de cara a la gran noche. Él también la disfrutará. «Afortunadamente tengo muchos amigos y estoy invitado como a unas siete u ocho sardiñadas diferentes», señala, aunque ya sabe dónde pasará la noche: «Iré con la familia a Oleiros, a la finca de unos amigos».
«Me gusta mucho San Juan -afirma Iglesias-, pero en una profesión como la mía tampoco me puedo liar hasta muy tarde. Me tendré que retirar a las doce y media o una a más tardar, sin poderlo disfrutar tal y como yo querría. A las seis empieza la subasta en la lonja y hay que estar un poco antes. Es necesario dormir algo, que si no, al día siguiente, no se puede funcionar en el puesto». Por estos inconvenientes de horarios, el pescadero demanda, como tantos otros, que conviertan el día 24 en festivo: «Así podríamos trasnochar todos, o casi todos». Sí lo harán sus hijos: «Ellos se lo pasan muy bien, ya tienen amigos del colegio con los que coinciden año a año y siempre esperan ansiosos a que lleguen estas fechas. Este año están como locos».