Los mayores preparan la selectividad; los universitarios, los exámenes finales, y los pequeños ya están liberados del colegio, pues muchos de ellos acarrean leña. Javier es un ejemplo, un chaval de 12 años que ayer se afanaba en trasladar palés y trozos sueltos de madera a una de las dos hogueras que se erigen en el descampado situado en Lonzas, al lado de la comisaría de la Policía Nacional. No habrá sardiñada, tal y como anunciaba su presidente vecinal, pero las hogueras perviven al modo tradicional.
«Esta es la nuestra», dice señalando a la más pequeña de las dos, mientras apoya en el suelo un tablón. «Somos unos ocho amigos, pero yo soy el más pequeño. Los otros son de 15 y 16 años. A mí el San Juan me parece lo máximo. Tengo muchas ganas que llegue ya». Javier dice que llevan desde hace unos días trasladando madera. «Aún queda alguna por traer, haremos una hoguera potente», asegura.
No seguirán el ejemplo en Mariñeiros. Su tradicional hoguera, una de las más clásicas de la ciudad, este año no prenderá. Ante la extrañeza de los vecinos («estos chavales no son como nosotros, que traíamos la leña un mes antes», comentaba esta semana un residente que sobrepasa la treintena), Ana Rodríguez, de la asociación de vecinos, explica que no se ha pedido el preceptivo permiso. ¿El motivo? El año pasado, debido a la gran altura, se produjeron algunas roturas de cristales en los edificios de la zona ante el calor que se generó. «La gente se quejó y al final tuvo que pagar el seguro hasta el límite que tenía, y el resto, la asociación».
En la zona de Mariñeiros ocurrirá lo contrario que en Lonzas. Si allí se elimina quemar, aquí será solo comer, porque los jóvenes de la zona ya han segado parte de la hierba en la que instalarán su improvisado comedor para dar rienda suelta al churrasco y la sardina.
Sardina en bajada
A 5,50 euros el martes, a 5 el miércoles y a 4 ayer. Ese fue el precio mayoritario que registraban las sardinas en la mañana en los diferentes puestos de la plaza de Lugo. Se pudo ver en abundancia y la venta discurrió fluida, lejos de los tumultos que se originaron el martes cuando la escasez hizo temer a muchos por sus existencias.
Y no solo anduvieron a 4. También se pudieron encontrar ejemplares a 3 euros el kilo, un precio más bajo del habitual. En años anteriores fluctuó entre los 10 euros que se llegaron a pagar en el 2005, los 4 del 2006 y los 6 del 2007.