Los escultores del cabello

A CORUÑA

Los Lourido han cortado el pelo y teñido a un sinfín de coruñeses y coruñesas, entre ellos, los jugadores del Deportivo cuando ganaron la Liga

27 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La peluquería Lourido lleva desde 1970 dirigiendo el estilo de las cabezas de numerosos coruñeses. «Fue la primera unisex de la ciudad», asegura Carlos Lourido, titular de los salones de la calle Ramón Cabanillas y Juan Flórez, culpable de teñir de platino a los jugadores del Dépor que ganaron la Liga en el 2000, y padre de la que ya es una saga de profesionales de la estética.

Carlos comenzó su carrera con su padre, barbero en su pueblo natal de la Mariña lucense: «Incluso mi hermano también fue barbero y sastre durante una temporada». La vocación fue clara desde el primer momento: «A los once años ya empecé a cortar. Me subía a unos cajones de botellas para llegar al cliente, ya que los sillones no podían regularse en altura».

Sin embargo, Carlos no quiso, en un principio, que sus hijos se dedicasen a esto: «Es muy esclavo. Al final terminas pendiente del negocio las 24 horas del día». Por eso insistió al mayor para que encauzase su vida por otros derroteros, y con éxito: actualmente es ingeniero industrial, «aunque alguna vez nos ha echado una mano», dice su hermana. Pero los siguientes vástagos salieron al padre: «A Olalla le gustó desde pequeña. Se trasquilaba ella sola cuando nos descuidábamos. En una ocasión tuve que raparla para arreglar el desaguisado que se había hecho. Pablo tardó un poco más. Fue en COU cuando lo decidió. Fue una sorpresa», asegura el padre.

Olalla, que lleva diez años en esta profesión, confirma lo dicho por su progenitor: «Con cuatro años ya les hacía peinados a mis amigas. Nunca tuve un momento en el que dijese: 'esto es lo que me gusta'. Simplemente estuvo ahí siempre». A diferencia de su padre, que aprendió el oficio a la antigua, Olalla y Pablo sí tuvieron una formación académica, que por supuesto fue completada en el salón de Carlos: «Primero estuvimos un par de años en otras peluquerías, formándonos. Pero terminamos trabajando con mi padre, como es natural. Quizá me hubiera gustado trabajar un poco más por fuera, incluso en el extranjero», asegura Olalla.

Solo profesionales

La trayectoria y prestigio de Carlos Lourido están más que avaladas. Fue merecedor del Peine de Plata en 1980 y del de Oro en 1982, uno de los más prestigiosos galardones a los que un peluquero puede optar, entre otros reconocimientos. Tener a alguien tan perfeccionista como él como jefe, puede que no sea demasiado fácil: «Seguro que yo como empleado soy peor que él como jefe», afirma convencido su hijo Pablo, al que su padre califica como «un artista». Pero a la hora de trabajar, las ligazones familiares no cuentan: «Aquí dentro no hay hijos ni padres, somos simplemente profesionales. Los trato bien, como a todo el mundo, pero aquí venimos a trabajar», sentencia el páter familias.

Han llegado a quitarse clientes entre ellos: «Pero eso es buena señal, es que lo hacemos bien», cuenta la hija. La influencia de Carlos tiene que notarse en la ejecución del corte de sus hijos: «Bueno, a los dos nos gusta cortar bastante, arriesgar, innovar. Pero cada uno tiene su estilo», matiza Olalla. Un estilo con el que se identifican un sinfín de clientes: «Cortar el pelo lo hace cualquiera; pero crear estilo está cerca del arte. Somos escultores del cabello, no cortapelos», dice tajante Carlos.