El intelectual repasó en una charla su vida y las circunstancias que marcaron el desarrollo de Galicia
11 abr 2008 . Actualizado a las 11:38 h.Entró con pasos cortos en el que un día fue el edificio de Hacienda de Durán Loriga y él lo recordaba como tal. Saludó en la planta baja y se le acercaron miembros de la comisión para la recuperación de la memoria histórica. De ellos, Isaac Díaz Pardo se llevó el cartel y el diario de O Portiño. Estaba dispuesto a subir por las escaleras. Lo hizo por el ascensor; continuó saludando y vio con interés la muestra de obras suyas expuestas en las vitrinas preparadas por las bibliotecarias. «Alma y conciencia crítica de Galicia», se leía en una publicación hablando de él; «Es de un libro de La Voz», le apuntaba Victoria Villanueva. Besos, fotos, sonrisas, palabras amables, miradas que mostraban un enorme cariño, el abrigo encima de un archivador y los prolegómenos de la que iba a ser una conferencia. La directora de la biblioteca recordó que cuando lo invitaron la respuesta fue «a mandar». La concejala de Cultura, María Xosé Bravo, apuntó algunos datos de una biografía «que vai parella á historia deste país».
En su línea más clásica, Díaz Pardo afirmó ante un auditorio que iba en aumento rompiendo todas las previsiones, que no estaba allí para dar un conferencia, «eu vou contar algunhas cousas». Y empezó a señalar hechos y personas en el amplio mapa de su vida, recordando que ahora «dos que promovemos o Estatuto do 36 so quedamos Paco del Riego e Avelino Pousa Antelo, claro que eles son un pouco maiores que min».
Luego citó a Seoane, «era co que mellor me entendía», y una larga lista de gallegos históricos: Dieste, Blanco Amor, Arturo Cuadrado, Laxeiro, «xente que se xogou a vida por Galicia».
Esbozó Díaz Pardo algunos recuerdos de su padre, de las peleas de juventud, cuando destrozaron una farmacia, de los seis meses que estuvo refugiado en una casa de la ciudad sin salir un solo día, de la situación del gallego «que o están enterrando moi dignamente», de la dependencia de Galicia de León desde la muerte del rey García, del error económico de abandonar el campo como sector primario de producción, o la anécdota de cuando trabajaba pintando los tranvías de la ciudad y se equivocó en un anuncio que hablaba de un jabón duradero y barato. «Botáronme unha bronca». Algunas evasivas en las preguntas y respuestas al más puro estilo Díaz Pardo: «¿O futuro de Galicia?... E eu que sei».