«Vamos a luchar hasta el final»

A CORUÑA

El barrio de Mesoiro desconfía de las promesas del Ayuntamiento. Los residentes aseguran que continuarán con las movilizaciones para evitar posibles realojos

29 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Estamos en pie de guerra. Vamos a luchar hasta el final». Los vecinos de Mesoiro parecen tenerlo claro. El posible traslado de chabolistas de Penamoa al barrio tiene sumido al vecindario en un estado permanente de «angustia y nerviosismo». El miedo ha desembocado en una actitud de alerta colectiva. Los mensajes tranquilizadores lanzados desde el Ayuntamiento parecen no causar efecto entre los residentes, que aseguran que continuarán con las movilizaciones hasta que se les garantice que no habrá ningún traslado. La carta escrita por el alcalde, en la que asegura que no se realizarán realojos, todavía no ha llegado, y en los portales los vecinos pegan recortes de prensa con las promesas del regidor subrayadas.

«Esto es un problema que tiene difícil solución», asegura Manuela Ramos, propietaria de una pescadería del barrio. «Si meten a los gitanos de Penamoa aquí la zona se va al garete. La gente se marcharía y el barrio se llenaría de droga», asegura. «Si vinieran gitanos de los que se dedican a la venta ambulante no habría problema, pero todo el mundo sabe lo que hay en Penamoa: traficantes y quinquis».

«Soy educadora y creo en la reintegración, pero esto es un auténtico traslado», dice Ana, una profesora de 33 años que es propietaria de un piso en Mesoiro desde hace casi dos. Ana es el perfil de vecino más habitual en Mesoiro: joven, recién casada y con una hipoteca. Matrimonios que esperan convertir este nuevo barrio en un lugar en donde crear una familia. «No vamos a parar», asegura.

«Dentro de unos años cuando quiera mudarme con mis hijos a otra zona no podré vender el piso. Si vienen los de Penamoa esto será un gueto», afirma preocupada Begoña. «Nuestro edificio tiene una sala en el garaje para guardar bicicletas. Desde que nos han dicho que los gitanos vienen para Mesoiro, cada vez que paso por allí me la imagino llena de chatarra», asegura Quique, su marido. Begoña confiesa que se crió en la zona de Orillamar y que allí convivió con gitanos. «Los de Penamoa no son como los que viven en Orillamar», advierte.