Desde primera hora continuaron los trabajos de limpieza y rehabilitación de las zonas afectadas por el temporal. Si los tramos destrozados de la balaustrada de Riazor ya habían quedado despejados el martes, ayer fue el turno de todo el entorno de las Esclavas y la zona de San Roque. Durante toda la jornada camiones y grúas se encargaron de recoger las enormes piedras levantadas por el mar, así como los adoquines, losas e, incluso, una parte del muro posterior del colegio.
«Es una hilada de ladrillo que reviste al muro del colegio y hasta ahora había aguantado», explicaba Rosario Sánchez, la titular del centro, examinando los daños. «Ha entrado agua entre la uralita y el falso techo -continuaba- y hay que esperar a que se sanee. Además, tenemos que reanclar las barras donde se sujeta la tela metálica».
El panorama de la zona no dejaba de levantar admiración entre los numerosos paseantes. Unos aprovechaban para sacar fotos. «Es para que mis familiares se crean lo que verdaderamente arrastró el mar», comentaba Ana Silva. Otros apelaban al viejo dique de abrigo para evitar nuevas catástrofes, «sobre todo agora, co cambio climático», apuntaba Juan José Castro.
A la tarde, la zona de las Esclavas quedó totalmente despejada. En Riazor se instalaron vallas en la balaustrada derribada.