A sus 80 años, la matemática coruñesa sigue «jugando con los números»
09 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Entre los hijos de esta ciudad se encuentra una de las matemáticas más relevantes del siglo XX. Se trata de María Wonenburger Planells (Montrove, 1927). Una pionera que se adelantó a su tiempo destacando en un mundo dominado por hombres y llegando a triunfar profesionalmente al otro lado de Atlántico, donde desarrolló el grueso de su carrera. Allí terminó su formación bajo la tutela del prestigioso algebrista Nathan Jacobson, se doctoró en Yale y terminó dirigiendo la tesis de Robert Moody, coautor de la Teoría Kac-Moody que revolucionaría el álgebra moderna. A sus ochenta años, y con una sonrisa perenne, esta genial conversadora vive su retiro en su casa de A Pasaxe, entre los innumerables homenajes que le brinda la comunidad científica.
-¿Qué tienen los números que, como la música, levantan pasiones?
-Es curioso que mencione esos dos conceptos juntos, ya que la música es mi otra gran afición. De hecho, como puede ver -(señala un cuadro en el que se ve a la matemática de niña, con un violín en la mano)-, en su día lo intenté, pero no se me daba muy bien. No sabría explicar qué es lo que tienen los números, pero a mi me encandilaron desde que tenía cuatro años.
-¿No era demasiado joven para tener clara su vocación?
-Se me daban bien las cuentas y me entretenían, así que terminé estudiando en Madrid matemáticas, a pesar de que mi padre quería que hiciese una ingeniería. Hice un pacto con él, estudiaría lo que él quería cuando acabase matemáticas. Pero falleció antes de que eso ocurriese. Él no había podido hacer una carrera porque se quedó huérfano a los 16 años. Así que creo que quería desarrollar sus ideas técnicas a través de mi.
-En aquel entonces no debía haber demasiadas mujeres en su clase.
-Lo que sí que había eran monjas, que asistían a las clases para luego dedicarse a la docencia. Pero ser mujer limitaba mucho. Al terminar me ofrecieron ser ayudante de Julio Rey Pastor, pero la cuantía de lo que me ofrecieron no era comparable con la beca Fullbright que me concedieron. Así que me fui a EE.UU.
-En 1983 regresó a España, dejando toda su carrera profesional al otro lado del Atlántico.
-Mi madre se puso enferma y, por mucho que me gusten las matemáticas, en esta vida hay cosas que son prioritarias.
-¿Echa de menos aquello?
-No particularmente, del mismo modo que estando allí tampoco echaba de menos A Coruña. He regresado recientemente y mantengo contacto con algunos alumnos, como Moody.
-Ya que lo menciona, ¿podría explicarme la teoría de Kac-Moody de modo que llegase a comprender de qué va?
-¿Por qué no? Simplemente tuvimos suerte y nos salió muy bien. Veníamos de trabajar con álgebra finita y esto supuso el salto a los infinitos...
-Puede que sea mejor dejarlo. Noto cierto orgullo cuando habla de su discípulo.
-Cómo no estar orgullosa. He tenido la suerte de haber tenido como alumno al mejor matemático de Canadá.
-Algún mérito tendrá la maestra.
-No lo creo. Aunque, bueno, mis alumnos parecían contentos. De todos modos, nunca me gustó eso de figurar. Nunca busqué mayor gloria que la de disfrutar con mi trabajo. Y eso sí que lo conseguí.
-¿Ha abandonado totalmente las matemáticas?
-Sigo jugando con los números. Siempre se puede intentar hacer algo divertido con ellos, improvisar...
-Supongo que no se referirá a los sudokus que hacemos el resto de mortales.
-¿Por qué no? ¡Si yo disfruto haciendo sudokus como la que más!