Otro Spiderman coruñés cae en las manos de la policía

A CORUÑA

04 mar 2008 . Actualizado a las 11:46 h.

Los spidermans son leyendas en el mundo de la delincuencia. Se trata de aquellas personas que acceden a los edificios con el método del escalo, que consiste en introducirse por la parte trasera de los inmuebles, a través de azoteas y terrazas. Luego, trepan por las tuberías y ventanas hasta irrumpir en las viviendas y efectuar sus robos.

J.M.A.J., de 34 años y natural de Santiago, llevaba una buena temporada en la cárcel por varios delitos cometidos empleando esta peligrosa modalidad. Lo detuvieron en 1999 y, entonces, recibió el sobrenombre de Spiderman por su facilitad de adherirse y subir por las paredes. Su sangre fría llamaba la atención de la propia policía.

Actualmente, Spiderman llevaba días evadido de la cárcel de Teixeiro. Disfrutando ya del tercer grado, a finales del pasado año sus pulsiones delictivas lo volvieron a elevar a las alturas, desafiando su propia integridad física en pos de alcanzar el fin previsto. En el primer delito de esta nueva tanda, no trepó muy alto. El 1 de diciembre su impulso arácnido lo situó en un segundo piso de la calle San Sebastian; entró por una ventana trasera de una vivienda vacía, usando un andamio colindante.

Dos días después, el destino fue una vivienda de la calle Laureano Mediante, también en un segundo piso, descolgándose por el patio y sustrayendo un bolso de la mesa de la cocina. Un poco más tarde, llegada la noche, ya realizó una de sus viejos retos con la ley de la gravedad: un robo en un quinto piso de la calle Puente. Para más inri, los habitantes de este dormían, pero el delincuente, cuidadoso y sigiloso, se apropió de una cartera y algo de dinero.

El espíritu navideño y la llegada de las fiestas calmó el ritmo delictivo de Spiderman. Pasó la Nochebuena sin actuar, pero llegado el ano nuevo, su lista de fechorías cogió un pulso endiablado. Solo en el barrio de Monelos, violó tres viviendas: una de ellas en un cuarto piso, y las dos siguientes en sendos primeros.

No solo las alturas atraen a Spiderman, sino que los bajos también entran en sus objetivos. En la calle Nicaragua sustrajo 100 euros y en el calle Posse dio un golpe de 550 euros más efectos valorados en más de 2.000 euros. Pero, aunque debido a su arriesgado modus operandi tenga que trabajar solo, algunos de ellos los cometió con una compañera, L.A.B., de 24 años, natural y vecina de A Coruña, otra conocida de la policía, ya que había sido detenida 12 veces con anterioridad. La colaboración siempre apunta un mismo destino: centros de estética y peluquería. Cuatro sufrieron sus efectos entre los días 7 y 18 de enero. Ese día ella cayó en las manos de la policía. Spiderman, sin embargo, logró huir.

No dudaría mucho su libertad. Tras cometer varios robos más en otras zonas de la ciudad, el 26 de febrero llegó el día. Cuando acaba de dar un golpe junto a L.A.B (ya en libertad) en la vivienda de un vecino familiar suyo, ambos se refugiaron en una terraza resbaladiza del último piso. Podían caer al vacío. La policía accedió a esa terraza a través del piso de una vecina. Spiderman era detenido así por vigesimoquinta vez.