La llegada del carnaval dibuja fastuosos bodegones en los supermercados y tiendas de alimentación. El color beige de las cabezas de cerdo saladas se junta con el verde de los grelos y el rojo de los chorizos. Todo ello crea una particular sintonía cromática, que apunta directamente a ese interruptor que hace salivar la boca, encendiendo el apetito.
Existen tiendas, que quieren ir más allá de la oferta convencional, poniendo a disposición de sus clientes materias primas seleccionadas para que, a cambio de un precio algo más alto, la gastronomía de esas fechas tenga un plus de sabor. Una de ellas la encontramos en pleno centro de la ciudad, en la calle Marqués de Pontejos.
«Nosotros lo que intentamos es traer cada producto de su sitio de origen», explica Javier Mosquera, uno de los socios de Casa Cuenca. En este ultramarinos a la vieja usanza los letreros de los productos indican el origen y uso, y se aconseja a los clientes sobre cómo llegar a sacarle el máximo partido a cada producto.
En sus estanterías se puede dibujar todo un mapa gastronómico. Mosquera da algunos ejemplos: «El tocino lo traemos de Lugo y los chorizos caseros también. La harina de maíz de la zona de Guitiriz. Los lacones son de varios sitios, tanto de Galicia como Asturias. La androlla de la Fonsagrada y el botillo del Bierzo». A todo ello le dan un componente de especialización y especificidad en la que cada materia prima posee un único destino: «Sí, esa es la harina para las filloas -indica señalando su escaparate- y esa otra, de más fuerza, se usa para las orejas».
Proveedores
Configurar una pequeña tienda de este modo, trayendo cada materia prima de un lugar diferente, puede ser todo un galimatías. El responsable de todo ello no lo percibe así: «Llevamos ya más de 50 años y, entonces, los proveedores nos tienen siempre en cuenta. Intentamos vender los mejores productos posibles que nos traen. Son ya de todos los años: el que nos hace la manteca lleva ya más de 40 años suministrándonos, el de las androllas igual, y así todos».
La verdadera dificultad, confiesa el tendero, es dar con profesionales que sigan apostando por la manufactura: «Muchos se van retirando y la artesanía en estos productos se va quedando cada vez más limitada».