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Para la mayoría de los vecinos del Orzán, la pobreza ni estorba ni es fea: es triste y dura. Por eso, queremos puntualizar ante demagógicos y fáciles comentarios vertidos en la sección de Cartas al Director de este diario, que los residentes del Orzán llevan conviviendo y colaborando con la Cocina Económica durante décadas de su vida, y reconocen la gran obra que siempre ha llevado a cabo la institución.
Lo que a los vecinos del Orzán les preocupa es que a la hora de las comidas tenga que haber un policía para vigilar las trifulcas que a veces montan algunas personas con signos evidentes de consumo de drogas. Personas que impiden que otras, realmente necesitadas, mayores o con problemas de salud, puedan acercarse al comedor, pues temen por su integridad física.
Otros viandantes de la calle o se cambian de acera o dan un recorrido, porque algunos han sido agredidos. Dicen que esta es la nueva marginalidad, pero sabemos que la de antes, por desgracia también existe y a esta (mayores, enfermos...) no les podemos dar la caña para pescar, solo los peces. Efectivamente, existe la nueva marginalidad: jóvenes enfermos consumiendo su triste vida en trágica ensoñación. ¿Cómo se les puede ayudar si voluntariamente no quieren? ¿Están en condiciones de saber lo que necesitan? ¿Serán las administraciones las que tengan que solucionar sus problemas? ¿O la sociedad, y cómo? Por todo esto, los vecinos seguiremos apoyando a la Cocina Económica, pero creemos que un albergue necesita otra ubicación. Asociación de vecinos Ensenada del Orzán.