Los últimos inquilinos abandonan el edificio del viejo cine Avenida

R. García / L. Garcés

A CORUÑA

«Acabo de llegar a mi casa y lo que me apetece ahora es fumarme un pitillo». Elena Gago, una de las últimas inquilinas del edificio del Cantón Grande que albergó el cine Avenida, ha completado el traslado a su nueva casa. Recuerda que llevaba toda la vida viviendo en un edificio del que ayer se desalojaban los últimos enseres y que hoy podría quedar totalmente vacío. Un servicio de mudanzas trabajó durante la tarde de ayer en el octavo piso, mientras que en días pasados había hecho lo propio en otra de las plantas. Otra empresa del sector tiene previsto continuar hoy con las tareas de desalojo de todo el mobiliario, si bien en la planta baja sigue abierta la joyería Arias. Las entradas a lo que eran las salas de cine están tapiadas y sus tabiques encalados tras el derrumbe una parte de la techumbre de esta zona del inmueble.

Elena Gago ha trasladado tanto su vivienda como su estudio a la calle Riego de Agua y, con cierta melancolía, apunta «mucho dio que hablar ese edificio». No le falta razón, puesto que fue construido entre los años 1937 y 1941 bajo la dirección del arquitecto coruñés Rafael González Villar y el objetivo del mismo era que sustituyera al antiguo teatro Linares Rivas.

En el año 1997 cerró el cine Avenida, que llevaba más de medio siglo funcionando, y vino a sumarse a la desaparición de otras salas clásicas de la ciudad, como eran las Goya o París.

En el año 2006 la delegación coruñesa del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia, COAG, lanzaba «un auténtico SOS», en palabras del entonces presidente del mismo, Alberto Unsain, ante el deterioro del inmueble debido, entre otras cosas, a las filtraciones de agua que estaban afectando a su estructura. El COAG distribuyó unos textos sobre las características del inmueble y su valor arquitectónico.

A mediados del año pasado Amancio Ortega, a través de la sociedad Pontegadea Inmobiliaria, compró todo el edificio. José Ramón Valcárcel era el último dueño de la propiedad horizontal que se resistía a vender su participación, aunque finalmente decidió hacerlo. Posteriormente, Caixa Galicia, cuya fundación está en el edificio anexo, compró el inmueble a Pontegadea.