Las elecciones del pasado mes de mayo marcaron un antes y un después en la política municipal. Los resultados fueron peores de lo esperado para los socialistas, que apostaron por un candidato hasta ese momento a la sombra de Francisco Vázquez; mejores para el PP, con una renovación total en sus filas; y una oportunidad histórica para el BNG, ya que la aprovecharon para entrar en el gobierno después de muchos años en la oposición.
Así, PSOE y BNG formaron un bipartito, superando rencillas y enfrentamientos que en otros tiempos caldeaban las sesiones plenarias. A pesar de que ambos grupos firmaron un acuerdo de gobierno en el que marcaban las prioridades programáticas, los primeros meses estuvieron llenos de desencuentros. Quizás porque todos necesitaban tiempo para adaptarse a la situación.
Las terrazas de María Pita, la gestión cultural y el topónimo capitalizaron los conflictos de este curso político. Y éste último parece que seguirá, ya que Normalización Lingüística ha presentado un borrador de ordenanza en la que solo admite el gallego como idioma oficial del Ayuntamiento coruñés. A pesar de que ambos líderes niegan que haya conflicto y que todo se negociará, lo cierto que es que el alcalde, que había introducido algún párrafo en gallego en sus últimos discursos oficiales, en el de Navidad obvió este detalle.
PSOE y BNG están condenados a entenderse para garantizar, como dijo Losada en su discurso de investidura, un gobierno «firme, decidido, comprometido y leal». Sin embargo, el BNG tuvo que abstenerse en las votaciones sobre las urbanizaciones del Papagayo y de Tabacos. Nunca estuvieron a favor de cómo se gestionaron estos dos proyectos.