Juan Manuel Pérez Veiga, acusado de un delito de maltrato habitual, además de dos delitos de amenazas con una escopeta y otro de violencia con lesiones a su compañera, con la que tiene una hija de 6 años, asumió ayer los hechos tras llegar su defensa, ejercida por el penalista Ramón Sierra, a un acuerdo con el Ministerio Fiscal y la acusación particular.
Finalmente, se le impuso una condena de 21 meses de prisión, 120 días de trabajo en beneficio a la comunidad y nueve años de alejamiento de su compañera sentimental y otros nueve de privación de tenencia y porte de armas, aunque según le explicó en la vista el magistrado del juzgado de lo Penal número 2, José Antonio Vázquez Taín, la pena de cárcel le será conmutada por un curso de reorientación psicológica para el control de los impulsos. Asimismo, le recordó que si suspende el tratamiento que está realizando o incumple cualquiera de las prohibiciones del fallo se ejecutará su ingreso en prisión.
Agresivo
El Ministerio Fiscal acusaba a Pérez Veiga, de 51 años de edad, de mostrar, a partir del 2004, un comportamiento agresivo contra la que era su compañera desde el año 1996. La mujer sufrió humillaciones, amenazas, maltrato, descalificaciones xenófobas, tanto públicas como privadas, e incluso intimidación con un arma de fuego.
En su escrito de calificaciones, explica que en mayo del 2004, el acusado volvió a amenazar a su pareja con la escopeta, de la que tenía licencia, por lo que la mujer optó por acudir a la Casa de Acogida de A Coruña, pero el hombre la convenció para regresar a la vivienda familiar asegurándole que iba a someterse a un tratamiento y a seguir una terapia familiar a través del Gabinete de Orientación Familiar de la Xunta.
Sin embargo, matiza que la situación empeoró en marzo del 2005 y se repitieron los gritos, insultos y amenazas, llegando la hija de ambos a esconderse en un armario cuando llegaba su padre a casa. También se relata que la mujer recibió una patada en la cara, después de que el acusado volviera al piso familiar en Os Castros tras una salida nocturna y se explica que tras una nueva serie de amenazas, la víctima optó por volver en mayo a la casa de la acogida con su hija y denunció los hechos, por lo que se dictó una orden de alejamiento.