Agentes del Cuerpo Nacional de Policía y técnicos de Unión Fenosa investigan las posibles causas de una explosión que provocó ayer el incendio en un registro subterráneo de esa compañía eléctrica que abastece a la depuradora de Vigo.
El fuego, registrado a las dos de la madrugada, provocó la paralización de la planta durante varias horas y el corte del suministro eléctrico en varias parroquias del entorno.
Pese a que en un primer momento la explosión se atribuyó a un artefacto casero, posteriormente la inspección realizada por los grupos técnicos en desactivación de explosivos, Tédax, y agentes de la Brigada de Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía descartó la existencia de algún tipo de artefacto explosivo o pirotécnico.
Una persona
Las investigaciones tratan de esclarecer la presencia de una persona, que fue vista por un vecino en las inmediaciones de la depuradora y a la que en principio se le atribuyó la manipulación de la arqueta. Las primeras gestiones parecen indicar que podrían haberla confundido con la que dio la voz de alarma al 112. Esta alertó de la presencia de humo y de llamas azules que salían de debajo de una alcantarilla, precisamente la que da acceso a la arqueta eléctrica de la compañía Fenosa. El aparatoso incendio, con llamas de unos cuatro metros de altura, provocó la alarma entre los vecinos del entorno. Una parte de ellos se encontraban encerrados en el Concello vigués como medida de protesta por los olores que vienen soportando desde hace más de una década por el mal funcionamiento de la depuradora del Lagares.
Tras casi un día de encierro, los afectados abandonaron a las 11.00 horas la protesta y aseguraron no tener nada que ver con la explosión, tal como lo confirmaron también el delegado del Gobierno en Galicia, Manuel Ameijeiras, y el alcalde de Vigo, Abel Caballero.
Aunque en principio fueron veinte los vecinos que iniciaron el encierro, finalmente se quedaron en catorce, tras el aislamiento ordenado por el alcalde, quien impidió que recibieran agua, comida o periódicos.
Los manifestantes hicieron patente su malestar por la forma en que fueron atendidos en el Concello, como si se tratara de delincuentes, al obligarles a mantener las puertas abiertas por si faltaba algo, al tiempo que eran custodiados por numerosos agentes de policía.
Sus exigencias pasan por la elaboración de una plan de emergencias para los momentos en los que la depuradora desprende fuertes olores.
Entienden que el gobierno municipal debe dar la respuesta adecuada a través de un protocolo para solucionar la degradación que ha sufrido su calidad de vida. Se trata de evitar a toda costa ese tratamiento mendicante que han sufrido hasta ahora cada vez que reclaman el realojo en hoteles.
Califican de despreciativa y nada conciliadora la actitud del alcalde al negarse a recibirles.
En este sentido, Abel Caballero defendió ayer una vez más su rechazo a reunirse con los vecinos y señaló que sobre la mesa tiene 170 solicitudes de entrevistas de varios colectivos.
Más protestas
Las protestas de los afectados por la depuradora del Lagares no terminan con el encierro de ayer en el Concello. La próxima semana tienen intención de celebrar una asamblea en la que decidirán las futuras medidas de presión que, según adelantan, no serán menos llamativas que las organizadas hasta la fecha.
El objetivo final no es otro que el cierre de la actual planta y la oposición rotunda a la construcción de una nueva depuradora en ese mismo lugar. En este sentido, esperan que el contencioso que han interpuesto les dé la razón.