Un aparatoso accidente en Alfonso Molina causó a las nueve y media de la mañana de ayer un nuevo colapso circulatorio de casi dos horas en las arterias principales de acceso a la ciudad. Las colas llegaron hasta el kilómetro cinco de la autopista AP-9 y también hubo serios problemas en los viales de las poblaciones del área metropolitana que desembocan en el puente de A Pasaxe, es decir la N-VI, la carretera de las playas, O Burgo y Vilaboa.
Para retirar uno de los vehículos, que quedó encima de la mediana, fue necesaria la utilización de dos grúas. Los trabajos finalizaron sobre once de la mañana, momento en que quedó expedita la vía.
El suceso, en el que no se registraron daños personales, se produjo a la altura de la caseta de información turística, en sentido entrada a la ciudad. A esa hora la avenida registraba un alto volumen de tráfico, según explicó uno de los agentes de la Policía Local que se personó en el lugar junto con otros compañeros a los pocos minutos de producirse el siniestro.
Por el carril lento, que permite el desvío hacia Cuatro Caminos, el que pasa por delante del instituto Fernando Wirtz, circulaba un Rover 45, mientras que por la parte rápida, la más próximo a la mediana, transitaba un Peugeot 307, casi a la par.
En ese momento, un autobús urbano se incorporaba al carril lento desde su área de parada para recoger y dejar pasajeros. Nada mas ver la maniobra del bus, el conductor del Rover 45, vecino de Mazaricos, se vio obligado a dar un volantazo hacia el carril central para evitar chocar contra la trasera del autobús.
Sus reflejos resultaron un éxito, pero nada más despegarse de la parte de atrás del autobús se encontró con una moto que circulaba en su misma dirección pero a una velocidad más reducida. «No me quedó más remedio que dar un fuerte volantazo hacia el carril de la derecha para no comerme al motorista», indicó el conductor.
Al hacer este giro inesperado, «casi no me dio tiempo a mirar por los retrovisores», dijo, y alcanzó en la puerta derecha y en la aleta del mismo lado al Peugeot 307, que iba conducido por una mujer, acompañada por su marido. Este explicaba el incidente: «Recibimos un fuerte impacto que nos cogió por sorpresa. Mi señora no pudo hacer nada, ya que el coche saltó por los aires y nos empotramos contra la mediana de hormigón». Esta hizo de rampa de lanzamiento para el vehículo, que quedó sobre el quitamiedos metálico.
Una grúa con pluma
Antonio López vio toda la escena del accidente y coincide en su versión con la del conductor del Rover 45. Sin embargo, criticó «la forma de retirar el Peugeot 307 y el tiempo invertido».
Aseguró que minutos después del choque «pasó por la zona una grúa con pluma». El conductor se ofreció a retirar el vehículo «enganchándolo con unas eslingas, una maniobra que le llevaría un cuarto de hora». Pero los agentes «le dijeron que no, que lo hacían con sus propios medios». Esta decisión sirvió para incrementar los daños del coche y aumentar el tiempo de las colas», dijo.