No es el comienzo de una de las novelas de Paul Auster. Es la pura realidad. Javier Losada busca a Javier Losada y no consigue dar con él. Como no lo ha localizado ni por teléfono ni en su domicilio, se ha lanzado a buscarlo a través del Boletín Oficial de la Provincia. El que busca es Javier Losada de Azpiazu, alcalde de A Coruña, y el buscado se llama también Javier Losada, aunque García, alias Nikopol, que hasta «hace 4 meses» formaba parte de la sociedad Luna Hostelera SC.
El motivo de la búsqueda no es tan novelesco: el Ayuntamiento, por delegación de Javier Losada, quiere notificar a Nikopol un decreto del departamento de disciplina urbanística, por el que se informa a Javier Losada (el empresario) de que ya dispone de autorización para desarrollar la actividad de café-bar en el número 9 de la calle Menéndez y Pelayo, un local de nombre Be-bop. Y añade, «ajustándose a las condiciones de la licencia, por lo que en ningún caso podrán instalarse aparatos de reproducción musical. El incumplimiento de dichas condiciones motivaría la inmediata ejecución de la orden de cese de actividad del local».
El decreto es continuación de otro de junio pasado en el que se revocaba el desprecinto del local con el fin de que los integrantes de la empresa -«Javier Losada García y dos más» (sic)- debían retirar los aparatos de reproducción musical instalados en el bar. Además, en el mismo se autoriza a la Policía Local a comprobar si se han retirado dichos aparatos y, en caso de no ser así, proceder a su precinto «inmediato». Javier Losada, el empresario, que no tiene relación de parentesco con el alcalde, manifestó ayer que se ha desvinculado «totalmente» de sus antiguos socios, «precisamente por los problemas de denuncias por ruidos que se produjeron». Javier Losada, el empresario, asegura que en la actualidad gestiona el pub Plan B (antiguo Posavasos), en la calle Juan Flórez, y que en próximas fechas abrirá un nuevo Pajarito (idéntico al que hubo en la calle Posse) en la misma zona. La noticia de su búsqueda -en realidad, un protocolo que da al buscado oficialmente por enterado del requerimiento- le causa una mezcla de sorpresa y disgusto. Disgusto, porque no le agrada que le relacionen con los ruidos. Sorpresa porque, como él mismo confiesa, «estoy perfectamente localizable».