La caída de la tarde llena no sólo el parque infantil sino también las terrazas de los bares de la calle Pardo Bazán. En una de ellas, una pareja comenta que estos días, aprovechando la última semana de vacaciones, bajan a tomarse algo, aunque no siempre logran encontrar un sitio. A sus espaldas la tapa de una alcantarilla suena cada vez que pasa un vehículo, algo que no parece importarle a nadie.
Al otro lado de la calle hay toda una fila de vehículos aparcados de una forma un tanto irregular, aunque ninguna señal parece prohibirlo. Al lado de los coches, algunos grupos de jóvenes charlan y dejan en el suelo los restos de su conversación (cascas de las pipas).
De todos modos y por el momento, el temor apuntado por los vecinos sobre la posible presencia del botellón en la zona no se ha hecho efectivo y durante el fin de semana apenas se veían jóvenes en la plaza, salvo algún grupillo alrededor de un coche aparcado en el que ponían la música y otro frente a la esquina del desaparecido cine Equitativa y futura sede del Registro Civil
Y al llegar la noche, los perros: hasta una decena de chuchos coincidían bajo una de las pérgolas en la noche del pasado lunes.