División vecinal ante el resultado final de la reforma de la plaza de Vigo

A CORUÑA

Sigue todavía sin concretarse la fecha exacta en la que los ciudadanos podrán pasear por en por la renovada plaza de Vigo. A lo más que llegan las fuentes municipales, es a señalar que «a mediados de la semana» ésta estará lista ya para su apertura. Con ella, culminarán ocho meses de obras que han despertado diversas reacciones en los vecinos durante este tiempo y que, visibles ya los resultados, se han incrementado y polarizado en las últimas semanas.

En lo que sí parece que existe un consenso positivo es en la peatonalización parcial de la calle Emilia Pardo Bazán, en el tramo que bordea la plaza. Así piensa María Barreiros, que afirma que así «se animará mucho la calle». Sin embargo, ligadas a ese veto a los vehículos surgen las primeras críticas. Así se deduce de las palabras de Elena Souto: «La plaza ahora conecta directamente a la calle sin peldaños, que está bien, pero luego resulta que se ha eliminado el acceso central. Es una contradicción. Además, esa supresión de los peldaños hace que la plaza sea en cuesta».

«Lo único malo que tengo que decir es que ha sido lentísimo, porque me encanta como ha quedado», dice Beatriz Airch, que teme que no se sepa respetar con civismo. Este miedo a los actos vandálicos, focalizado generalmente ante el temor al botellón, es bastante frecuente entre los residentes de la zona. Beatriz Ponlla, por ejemplo, se lamenta de que se gaste tanto dinero en algo que «vamos a ver cuánto dura sin que se llene de pintadas y destrozos». Sin que se muestre muy efusiva con el resultado, dice que «le parece bien, sin que sea estéticamente preciosa», aunque echa en falta más zonas verdes.

A esa escasez, se suma otra carencia en la plaza, según María Martínez: «No había zona de perros y no lo han corregido. Se llenará todo de excrementos». Además de ello, esta vecina se muestra disgustada con el resultado: «Es horrible. Esa decoración que le han puesto recuerda a una casa de pueblo».

Estar a cubierto

«Están bien para que la gente se resguarde. Con lo que llueve aquí, creo que es una solución muy acertada», sostiene María Barreiros. Hay quien va más lejos, como Elena García, que, además de sostener que la reforma ha sido muy escasa, echa en falta la presencia de una cafetería: «Se dijo en su día que se podría hacer. Para los padres que tenemos niños sería estupendo porque podríamos estar sentados tomándonos algo mientras ellos juegan».

Quizá ésta fuera una de las maneras de romper la sensación de explanada inhóspita que acusan muchos vecinos. «Esto es un campo de fútbol, pero de cemento», dice Juan José Villamor, que recuerda con nostalgia la antigua plaza, con la fuente en medio, como modelo: «Aquello sí que invitaba a entrar y no esto que nos han hecho aquí».