Más de siete mil personas acompañaron a los diestros más mediáticos y conocidos del panorama actual
05 ago 2007 . Actualizado a las 03:32 h.A Coruña | Día grande en el Coliseo. Más de siete mil personas acudieron a presenciar en directo a la llamada «cuadrilla del tomate», un tridente formado por Jesulín de Ubrique, el Cordobés y Fran Rivera Ordóñez.
Todos ellos son más conocidos por sus triunfos en la tele y el papel couché que en las plazas. Pero el elenco, habitual de uno de los días de la feria de A Coruña, cuenta con una pandilla de incondicionales. Da igual que estén agrupados en peña o que acudan de forma individual. El glamur y el carácter mediático de los protagonistas les garantiza siempre una buena entrada. Actrices de la TVG, futbolistas de todo tipo, políticos, en activo y jubilados, y buena parte del empresariado local no quisieron faltar a la cita.
Más si cabe si en el tour se incluye un hecho emotivo, como la despedida de Jesulín de Ubrique, el marido de la Campanario, el ex de la Esteban y el hombre capaz de contabilizar en una libreta su número de novias.
Ayer, un doble de su mujer actual, María Jesús Campanario, despertó casi tanta expectación como su marido. Ubicada en el tendido del tres, al pie de la presidencia, escoltada por un moreno mozo de camisa negra, la esposa del diestro, con un sombrero cordobés calzado hasta las cejas, siguió la actuación del diestro de Ubrique, protagonista de la tarde en una plaza que visitaba por octava vez.
Pero tampoco en esta ocasión hubo puerta grande para el gaditano. El protagonismo se lo arrebató Manuel Díaz. El Cordobés, negado con la espada, como casi siempre, optó por banderillear con tres pinchazos a su primero, el segundo de la tarde. Con el quinto, ni siquiera dio opción. En medio de una bronca general que reclamaba el cambio de astado, lo liquidó casi sin haber desplegado la muleta.
Hablando de toros, Fran Rivera fue el mejor a criterio de la cátedra, tanto de la entendida como la de los aficionados. Enrabietado por una multa que le impusieron el año pasado, quiso aprovechar la presencia de un buen puñado de amigos para resarcirse de aquella tarde.
Una oreja en el tercero fue el mayor premio. Pero ello no impidió que el ambiente de gala que se respiraba en el coso coruñés sirviera para aminorar el ritmo de la celebración de una grada repleta de generosos escotes y abanicos para paliar el calor abrasador de la tarde.
En la grada, los entendidos hablaban de chicuelinas, pases de pecho, naturales, y derechazos. El grueso del público optaba por comentarios más banales sobre toros y toreros, novias, ex novias y otras cuestiones.
Todos ellos salieron del Coliseo una vez más con la sensación del deber cumplido. Y ni siquiera la escasez de trofeos sirvió para amargar la situación.