PLAZA PÚBLICA | O |
22 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.ME CUENTAN que en sus últimos días Carmiña Losada rezaba con alegría pidiendo que le llegara pronto su traslado (sic) a la casa del Señor. Quebranto esta confidencia porque pienso que su estado de ánimo en sus últimos momentos explica su vida y refleja perfectamente la intensidad de su fe, una religiosidad lejos de la beatería y volcada en la atención y el socorro de los más olvidados y marginados. Ella ha sido la Teresa Herrera de nuestros días. Pidió en todas las puertas y era imposible decirle que no, sobre todo cuando te hablaba a través de la risa de sus ojos. La conocí cuando, con ocasión de las obras del paseo marítimo, tuvimos que expropiar el Hogar Sor Eusebia. La indemnizamos y le dimos unos terrenos en Feáns, donde abrió las nuevas instalaciones. Desde entonces colaboré permanentemente en todas sus iniciativas. Era incansable, puso en marcha el Hogar de Santa Lucía, después Raiola en Betanzos, y, por último, la Fundación Raiola en la que, con Charo Patiño, María del Carmen de la Iglesia y Ana Marqués Velo, construyeron una residencia para la tercera edad en un solar que el Ayuntamiento les cedió en Los Rosales, contando con la ayuda extraordinaria del empresario Luis Somoza. En toda la ciudad hay ejemplos de las obras de su familia, una brillante saga de arquitectos, a las que se unen las realizaciones de Carmiña, cuya memoria permanece en nuestro callejero en la calle que lleva su nombre. Lo único que lamento es no haber tenido tiempo para complacerla en su deseo de estrenar la ópera El Mariscal , que su padre había musicado sobre un texto de Ramón Cabanillas. Nuestra convivencia como vecinos de Coruña sería muy diferente si no tuviéramos el privilegio de contar con personas como Carmiña Losada. Que descanse en paz en su merecido traslado. Francisco Vázquez, alcalde de A Coruña entre 1983 y el 2006, es embajador de España cerca de la Santa Sede.