«Trabajar con plastilina es como recuperar la infancia»

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA

DIEGO VILLAR

ESCULTOR Flash Gordon, Hulk o Spiderman adquieren una tercera dimensión en manos de este singular artista coruñés

16 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

En lo tocante a la escultura, cualquier material es bueno si se le pone talento. El joven escultor coruñés Gorka es una buena muestra de ello. Sus trabajos en modesta plastilina, de temática siempre fantástica, no tienen nada que envidiar en fuerza y calidad estética a los que realiza en escayola o barro. Su obra podrá verse en breve en la página web que está preparando: fotolog.com/estatuademarmol. -De entrada es muy moldeable, tiene una plasticidad diferente. Es más inmediata. El barro tienes que estar vigilándolo, que no se te seque. La plastilina está siempre lista para trabajar. Además, parte de su encanto radica en que me recuerda a cuando era pequeño, es como recuperar la infancia. Tiene un tacto... que es como de casa. -Pero, si no se endurece, también es frágil. -Probé a echarle una serie de barnices y esmaltes que aportaban cierta dureza, pero le daban un brillo que no me convencía. Además, continuaban siendo frágiles, por lo que se cuarteaban. Así que ahora las dejo tal cual. -¿Cómo surge trabajar con este material tras haberlo hecho con otros más habituales? -La verdad es que fue al revés. Como todos, yo empecé a modelar con plastilina cuando era pequeñito. Mi hermano se lo empezó a tomar en serio y a hacer unos muñecos estupendos, y yo fui detrás. Después ya llegó lo de trabajar con escayola o barro, pero sin abandonar la plastilina. -¿Por qué superhéroes? -Yo soy fan de los cómics desde siempre, y tiendes a reflejar lo que ves. Son dibujos llamativos y de gran plasticidad, y se pueden llevar muy bien a la plastilina. Pero en el resto de formatos la temática es totalmente diferente. Con el barro pretendes otras cosas, expresar sentimientos. -¿Ha tenido la tentación de reciclar alguna figura? -Mil veces. Cuando era crío y mi madre me tiraba los «muñequitos», no quedaba más remedio.