La renovación tranquila

Rodri García A CORUÑA

A CORUÑA

PATRICIA GAGO

Barrio a barrio | El Gurugú Era la zona poblada más alta de la ciudad y los coruñeses le dieron el nombre de un monte de África. Un tapón urbanístico frena su cambio de imagen.

12 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?curre cada mañana, minutos antes de las nueve: el cruce de las calles Falperra, Juan Castro Mosquera y Varela Silvari se llena de coches de la firma R, cuyos empleados cargan material y marchan. Sorteando los automóviles pasan padres y madres con sus niños hacia la guardería de la calle Fuente Seca del Monte o en dirección a Juan Flórez. Mientras, decenas de vehículos siguen atravesando de forma casi ininterrumpida el barrio del Gurugú, subiendo por la calle Falperra. «Había un monte en África donde hubo una batalla y como esta era la parte más alta de la ciudad la gente le empezó a llamar así, el Gurugú», explica Francisco Nieves, uno de los organizadores de un encuentro bianual entre vecinos de este barrio que empezó a celebrarse en 1963. Recuerda que en esta zona, «muy cerca del puente que cruza por encima de la Ronda de Nelle, estaba la fábrica de cerillas». Eran años «de mucha actividad, porque, además de esa fábrica, que era muy grande, estaba la de Tabacos y el muelle adonde iba a trabajar mucha gente», apunta. En la calle Fuente Seca, Josefina González Dopico cuenta que nació en este barrio hace más de 80 años y recuerda que entonces la calle Falperra «bajaba por lo que ahora es viaducto y llegaba hasta cerca de la escalinata de Santa Lucía». Va señalando viejas casas que ya están compradas por una constructora, algo muy habitual en este barrio donde es muy habitual ver unas casas ruinosas frente a solares en los que se están construyendo nuevos edificios. En el inicio de la larga escalera que une la Ronda de Nelle con la calle Falperra charlaban ayer un grupo de jóvenes del barrio, que tienen cita habitual en estos soportales. Es casi el mismo sitio donde, según recuerda Paco Nieves, «jugábamos a las canicas». Tras la subida, está el bar Martínez, cuyos dueños llevan 25 años en el lugar y una buena parte de ellos esperando el derribo del tapón que forman tres casas en ruinas. «De ahí salen ratas como gatos», sostiene la mujer. El Gobierno municipal ya requirió varias veces a los dueños de los inmuebles para que derriben los mismos, en uno de cuyos laterales estaba el desaparecido cine España. «Entonces había cines en todos los barrios de la ciudad, pero nosotros presumíamos de que el nuestro tenía un Oscar, era el nombre del dueño», recuerda Paco Nieves.