No puede ser

CÉSAR WONENBURGER

A CORUÑA

CRÍTICA MUSICAL | O |

26 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

SALVO en los festivales que se celebran en Oviedo y Las Palmas y, por supuesto, en las producciones que suelen poder disfrutarse en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, lo más común es que el género lírico español se aborde de cualquier manera, casi siempre mala, como si se tratara de un producto de segunda división, cuya calidad no sería preciso cuidar demasiado porque la popularidad de algunos de sus números justificase todo lo demás. Esta actitud no es nueva, ya en 1949 nuestro paisano el crítico Antonio Fernández-Cid advertía: «¿Cómo se ofrecen, cuando se ofrecen, estas zarzuelas? Sencillamente, de una manera monstruosa, intolerable. Con decorados y vestuarios de la época... del estreno, coros prehistóricos, orquestas sin el mínimo ensayo, dirección escénica de colegio de párvulos, cantantes de ocasión...». Palabras premonitorias, que servirían aún hoy para describir algunos de los espectáculos que se ofrecen como zarzuela. El mini-ciclo del Colón se ha inaugurado ahora con Marina , que en la versión ofrecida no es zarzuela, sino ópera, por tratarse de la reformada que hicieron Arrieta y Ramos Carrión, a instancias del gran barítono Enrico Tamberlinck. Pero eso es lo de menos, lo importante ha sido la decepción de comprobar cómo, una vez más, se pasa por encima de una obra maestra del rico patrimonio lírico español sin mayores consideraciones. Un coro desafinado desde la primera hasta la última intervención; una orquesta cuyos músicos bien podían estar leyendo la partitura a primera vista, dadas sus pifias constantes; unos cantantes literalmente perdidos, en más de una ocasión, lo que a punto estuvo de hacer naufragar la representación en uno de los frecuentes desajustes del primer acto; una dirección escénica inexistente... A Coruña ha conseguido, sobre todo en estos últimos años, mantener una calidad musical muy elevada, que en la medida de lo posible habría que intentar preservar siempre. Si una parte del público, lógicamente hambriento de este tipo de espectáculos, supo perdonar más de un desatino con su nobleza y discreción, imagínense las explosiones de júbilo que conllevaría la programación de este mismo título con una buena orquesta -no digamos ya con la OSG-, y cantantes de primera. No es tan difícil.