Tres atletas aventajaron a un coche de La Voz en una carrera por las calles de la ciudad Los semáforos, la doble fila y la congestión de vehículos provocan que un trayecto en coche de 500 metros se haga en 10 minutos
13 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.A los coruñeses mejor les vendría moverse por la ciudad a pie que en coche. Porque llegarían antes a los sitios, porque es más seguro, porque su salud se vería reforzada, por tranquilidad y porque el tráfico es un infierno. Se pudo comprobar el viernes por la tarde. La Voz reto a tres deportistas del Club Atletismo Coruña Cimans a realizar una carrera contra el coche por las calles de la ciudad. Se trataba de demostrar que el intenso tráfico propicia que la acera le gane al asfalto. Para corroborarlo, allí estaban el fondista Xabier Fernández Laguna, el especialista en saltos Andrés Fernández Álvarez y el mediofondista Rubén Martínez Vega. Preparados, listos, ya. La línea de salida se sitúa en el Obelisco a las seis de la tarde del viernes, día de la semana en que se produce una mayor densidad de tráfico. Coche y atletas ponen rumbo a la plaza de Pontevedra. Son apenas 400 metros. El vehículo pronto adquiere ventaja. Hasta que se topa con el primer semáforo. Allí, el conductor ve pasar como centellas a los deportistas, a quienes pierde de vista antes de que el disco se ponga en verde. El automóvil prosigue su camino por el carril pegado a la acera del Cantón pequeño. Se ve obligado a parar ante los coches estacionados en lugar prohibido. Sortea el obstáculo y continúa hasta el semáforo de la plaza de Mina. Minuto y medio después, el coche de La Voz toma Juana de Vega. Apenas avanza unos metros, pues la calle está atestada de vehículos, algunos de ellos ocupando el carril de la derecha mientras sus conductores realizan sus compras en un establecimiento comercial de la zona -eso de que Juana de Vega tenga dos carriles por sentido de circulación es una mentira, pues uno de ellos se utiliza para aparcar-. Mientras los atletas descansan ya en la plaza de Pontevedra, el vehículo se ve obligado a tomar el túnel pues está prohibido el giro a la plaza de Pontevedra desde Juana de Vega. El coche vuelve a la superficie en el paseo marítimo. El semáforo de Regidor Somoza, cómo no, está cerrado. Igual que el del paseo marítimo que da paso a Modesta Goicouría. Es necesario que se ponga en verde en dos ocasiones para que el vehículo lo deje atrás, para presentarse en la plaza de Pontevedra 12 minutos después de ponerse en marcha en el Obelisco. Los atletas se mofan: «Lo hicimos en dos minutos y un segundo». ¿A cuánto ascendería la ventaja de los deportistas si el vehículo tuviera que buscar un lugar en el que estacionar? La siguiente etapa tiene la meta en la plaza de Orense, ese cruce de caminos históricamente atascado de tráfico. El vehículo pone sus faros alumbrando a Juan Flórez. Mala hora eligió el conductor para circular por una vía en la que la doble fila campa a sus anchas, lo que provoca que todos los vehículos quieran ir por el carril del centro. A los atletas les importa un bledo, pues trotan por Teresa Herrera sin estrés y sin nadie que les importune, como el que se queda dormido en el semáforo o deja el coche en doble fila para sacar dinero del cajero. Paso cortado Pasados los semáforos de la calle Betanzos y Ferrol, el vehículo alcanza por fin Fernando González Notariado, que le ha de conducir a la plaza de Orense. Esta calle es como las que quedaron atrás. Son cien metros que en el mejor de los casos se pueden hacer en cuatro minutos. Tiene tres semáforos que son como tres demonios y, casi siempre, cuando se ponen en verde los automovilistas se encuentran el paso cortado por otros coches que atrapados. Al fin, el vehículo alcanza la plaza de Orense. En esta ocasión, a los atletas les ocupó el trayecto un minuto y 35 segundos, mientras que al coche le llevó 6 minutos. La meta final de esta carrera ficticia en la que el hombre golea a la máquina se sitúa en Cuatro Caminos. Pudiera parecer, como así le pareció al conductor antes de poner el coche en marcha, que esta última etapa se la llevaría, pues Linares Rivas no parece tener los tapones de calles precedentes. El automovilista, de nuevo, se equivocó. A los semáforos mal regulados -todos los que se encontró en el camino estaban cerrados-se unió el que regula el giro a la Cuesta de la Palloza. Una furgoneta en doble fila mantuvo encerrado al coche casi un minuto. Esta vez, los atletas emplean tres minutos y el coche cuatro. No hay duda, mejor por la acera.