En la encrucijada

CÉSAR WONEMBURGER

A CORUÑA

CRÍTICA MUSICAL | O |

13 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ESTRENO de una obra de Paulino Pereiro ha vuelto a señalar lo que parece ser el gran problema que la creación musical viene arrastrando desde el siglo pasado, hasta la actual encrucijada. De un lado se encuentran unos compositores que, como el músico coruñés, aspiran a seguir explorando nuevos caminos expresivos a partir de la quiebra con el mundo de ayer que en su momento propusieron los padres de la Escuela de Viena; y del otro, un público cuya sensibilidad, de modo mayoritario, se muestra más proclive a seguir embelesándose con las tiernas caricias de un Chaicovski que a dejarse seducir por el latigazo gélido de una música que debe ser apreciada, sobre todo, con las antenas de la razón. De ahí que en 2007, en un concierto con obras de Pereiro, Prokofiev y Chaicovski, fuese este último quien cosechara las mayores ovaciones; seguido de cerca por su compatriota, que supo asomarse hasta el mismo abismo, sin llegar a precipitarse -y por eso hoy se le reconoce con agradecimiento-, mientras el creador de ahora se le despachó con la habitual cortesía. ¿Es posible seguir así? ¿Pasará con el resto de la creación musical como con la zarzuela, que es hoy un mero objeto museístico? En fin, no se le puede negar a Eiji Oue que no pusiera todo de su parte, ni a la OSG, para dar en las mejores condiciones posibles la primicia de este Ceo de Pereiro, que ofrece una mirada poco complaciente de la naturaleza, a partir de un conocimiento profundo de los recursos de la orquesta, y de su propio oficio, como se demuestra por ejemplo en el inteligente empleo del contrapunto, que él utiliza para sugerir un firmamento que poco tiene de lírico y estrellado. La presencia de Henning Kraggerud, solista invitado en el Concierto nº 1 para violín de Prokofiev, volvió a poner de manifiesto la cantidad de jóvenes instrumentistas, dotados de un asombroso dominio técnico, que hoy andan rodando por el mundo, resultado seguramente de una educación musical que privilegia la interpretación frente a la creación. En la Cuarta de Chaicovski, el director, Oue, sacó a relucir su faceta de showman en una lectura efectista, epidérmica, algo vulgar, como de otra época, pero que en cualquier caso obtuvo de la orquesta una respuesta esplendorosa. Palacio de la Ópera. Obras de Pereiro, Prokofiev y Chaicovski. OSG. Eiji Oue, director.