«Las 112 dosis eran para mí», dice un acusado de tráfico de drogas

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo A CORUÑA

A CORUÑA

El fiscal pide para él siete años, y nueve para su mujer y su suegra Los imputados negaron su implicación en los hechos, ocurridos en marzo en Penamoa

09 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

?n matrimonio y la madre de la mujer son los tres acusados por un delito de tráfico de drogas, por el que piden siete años de cárcel para el hombre -R.?F.?M.-, y nueve para su esposa y para su suegra -A.?J.?B. y C.?B.?C.-, ambas con varias condenas anteriores por la misma causa. Aunque también estaba imputada otra familiar, el representante del Ministerio Fiscal decidió retirar los cargos al no encontrar pruebas suficientes para acusarla. La primera que ayer prestó declaración en la Audiencia Provincial fue le matriarca de la familia, conocida como La Perrera, que en marzo del año pasado residía en un piso en la calle Salvador Allende. Según los informes de la policía, este inmueble era utilizado para preparar las dosis de cocaína y heroína que luego vendían su hija y su yerno en su chabola de Penamoa. La acusada negó todos estos hechos, y confesó que «no volví a vender droga desde que salí de la cárcel. El dinero que había en el piso (cerca de 36.000 euros) eran de una fianza que cobré por mi hija». C.?B.?C. también desmintió que le hubiese dicho a uno de sus yernos durante el registro de su vivienda: «Tranquilo que no van a encontrar nada, que está todo arriba». Y, de hecho, los agentes de la policía nacional que intervinieron en este operativo no hallaron estupefacientes en su domicilio, aunque sí en el de su hija. A este respecto, su marido R.?F.?M. explicó que toda la droga que se encontró en el sillón de su casa -en el que estaba sentado con dos de sus hijos menores cuando llegó el 091- era para autoconsumo. «Todo era para mí. Soy consumidor de todo: porros, cocaína, heroína. Consumía mucho y las 112 dosis no me duraban nada, ni cinco minutos me duraban». En su declaración también negó que fuese traficante, y también afirmó que desconocía por qué habían condenado a su mujer en varias ocasiones. Cuarto anexo Sobre las doce personas que se encontraban consumiendo droga en una habitación de su chabola, el imputado explicó que esa estancia no era suya y que estaba abandonada, por lo que no tenía nada que ver con ella. La misma afirmación dio su mujer, que en el momento de los hechos se encontraba en busca y captura para cumplir una pena por tráfico de drogas. A.?J.?B. declaró que todas las dosis que se localizaron en su vivienda pertenecían a su marido. «Él está a su vida, a la droga y a nada a más. Rafael es consumidor desde hace tiempo. Consume cocaína, heroína y todo lo que se le ponga por delante», explicó, al mismo tiempo que confesó que no sabía que había estupefacientes en el sillón de su casa. Sobre la báscula que la policía halló en su domicilio, dijo que era para pesar la fruta, y que estaba tirada en el suelo porque no se utilizaba. También negó saber la procedencia de los cerca de 2.000 euros que los agentes encontraron en un bolso en una de las habitaciones de la vivienda. Los miembros del 091 que participaron en el efectivo también acudieron ayer a declarar a la Audiencia Provincial, en donde detallaron todo el proceso de localización de la droga y detención de los acusados. Explicaron que el operativo comenzó que el arresto de un hombre que acababa de abandonar el poblado chabolista de Penamoa en un taxi, y que tenía en su poder 10 envoltorios de cocaína y heroína que acababa de adquirir. El testimonio de esta persona, que ayer no acudió a la vista por encontrarse en paradero desconocido, fue el que permitió detener a los tres imputados.