Crónica | Los desalojados del número 22 de la calle de la Estrella Lo que las llamas no arrasaron, se lo llevó el agua que las apagó. La mayoría de los diez pisos de este inmueble están inhabitables y sus inquilinos no quieren ni pensar en volver
24 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?l Hostal La Perla se ha convertido en la segunda casa de los 23 inquilinos del número 22 de la calle de la Estrella, que el pasado sábado de madrugaba veían cómo el fuego acababa con sus hogares. El pasado lunes, técnicos del Ayuntamiento comprobaban que el edificio no ofrece peligro, y que ya se puede habitar en las tres últimas plantas, que ya cuentan con corriente eléctrica. Sin embargo, la desastrosa visión que ofrecen estos pisos ennegrecidos y el olor a ceniza que desprenden las paredes «hace imposible poder pasar allí más de diez minutos sin sufrir una pequeña intoxicación» dicen. Por ello, los inquilinos se niegan a regresar a sus hogares mientras no se acometan las reformas necesarias que garanticen «un mínimo» de habitabilidad. Desde el gobierno local explicaron que ese cometido es competencia del propietario del inmueble y de la compañía aseguradora, y que el Ayuntamiento no tiene nada que hacer en ese aspecto. A pesar de ello, desde el departamento de Servicios Sociales se anunció ayer que se seguirá pagando la pensión en el hostal a todos aquellos inquilinos que no quieran regresar a sus viviendas, como es el caso de Aurel Dragan que vive con su mujer embarazada de ocho meses y con tres niños pequeños, o de Juan Ángel Madrigal y Manuel Enrique Carmona, que tienen parte de la galería de su piso totalmente quemada. Asimismo, desde el Ayuntamiento se está buscando un piso de alquiler para la familia de siete miembros -entre ellos una mujer inválida-, que residían en el primero izquierda, y cuya vivienda quedó totalmente destrozada. Culpa La mayoría de los vecinos de este edificio consideran que el propietario debería de hacerse cargo de la situación, ya que, según está establecido por ley, en un plazo de quince días deben de repararse todos los desperfectos. «Él quería que nosotros nos volviéramos a casa sin rechistar y que no armáramos follón, pero aquí no se puede vivir», explicaba Manuel Enrique Carmona, que incluso acudió a las oficinas de Urbanismo para comprobar si la vivienda era habitable. Por su parte, el inquilino del segundo piso herido en el incendio continúa estable e ingresado en el hospital.