La lechuza hallada bajo un camión le fue robada a un cetrero en junio

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

EDUARDO

El propietario exige que le devuelvan el ave y denunciará al Seprona por prohibilrle que la visite El dueño llegó a ofrecer una recompensa de mil euros cuando le sustrajeron el animal

16 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La lechuza hallada el pasado jueves por un camionero en los bajos de su tráiler y llevada a la oficina de objetos perdidos tiene dueño y ya la reclamó. Pero no se la dejan ni ver. Le dicen que está muy enferma y que si la quiere recuperar deberá pedirlo por escrito a la Xunta y después, «ya se verá». El propietario de esta ave rapaz macho de cuatro años es un amante de la cetrería y Erak -así bautizó al animal- era su ojito derecho, la mascota del centro de adiestramiento que tiene en Culleredo. José Luis Barbeito Bermúmez de Castro crió al ave desde que no era más que una cría y la adiestró para la cetrería. El pasado mes de junio, alguien entró en su centro de adiestramiento y, entre otras cosas, se llevó la lechuza. Destrozado por la pérdida, José Luis Barbeito llegó a ofrecer mil euros a toda aquella persona que pudiese dar alguna pista sobre el paradero del ave. No tuvo éxito. Hasta que el viernes abrió el periódico y la encontró. No había ningún tipo de duda de que Erak, su lechuza, era la que salía en la fotografía de La Voz en manos de un agente de la policía local en la ofina municipal de objetos perdidos. No perdió más tiempo y se presentó en el Centro de Recuperación de Aves de Santa Cruz. Pidió verla y no le dejaron. reclamó que se la devolvieran, y le respondieron que antes tenía que acudir a la Consellería de Medio Ambiente y allí entregar un escrito. José Luis barbeito está muy dolido desde entonces. Dice que lo peor es ver «a la lechuza en los periodicos y en la televisión cuando a mí no me dejan entrar a verla». Por eso está dispuesto a denunciar al Seprona. El propietario cuenta del ave que es diurno, porque así lo enseñó. Y come entre tres y cuatro pollitos al día -hay quien le da cinco ratones blancos vivos por jornada-. Es muy dócil porque así la adiestró el amo y «eso lo pudieron comprobar los que tuvieron contacto con ella, pues de tratarase de una lechuza salvaje no se dejaría coger y chillaría sin parar». Ahora sólo espera que muy pronto regrese a su casa, en Monte da Roza, en Culleredo.