El último permiso de una embarcación para almeja y percebe se vendió por 42.000 euros Los mariscadores han establecido un sistema de vigilancia durante la veda para evitar el furtivismo
02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?os camiones de transporte de la empresa Codebas cargando berberecho en la ría de O Burgo. No es una imagen onírica, ni una película: es lo que ocurría hace sólo dos décadas en este banco marisquero. Eran momentos en los que el número de permisos para mariscar en esta zona, tanto a flote como a pie, rondaba los dos mil. Ahora, esa cifra es una quimera, el recuerdo de una época dorada, y los permisos concedidos actualmente por Pesca son 125 para el marisqueo a pie y 39 para las extracciones a flote. Todos estos profesionales han pasado un duro verano por los continuos cierres del banco marisquero por la presencia de una toxina diarreica; el último se produjo el pasado miércoles, cuando muchos de los profesionales que faenan a flote ya habían iniciado su actividad a eso de las ocho de la mañana. Ahora esperan los distintos análisis con el fin de poder reanudar el marisqueo, como muy pronto el viernes de la próxima semana. Sobre la presencia tan continuada de esta toxina, los mariscadores argumentan que puede deberse al cambio climático como a la contaminación de la ría de O Burgo. Con el fin de que los furtivos no aprovechen la ocasión para faenar y poner en el mercado un producto que podría dañar a los consumidores, los mariscadores han establecido un servicio de vigilancia para «evitar que o banco esté pechado para os legais e aberto para os furtivos». Estos profesionales cifran en unos cuatro mil euros diarios las pérdidas que les está causando el último cierre de este banco marisquero. Contaminación y muelles En cuanto a la progresiva pérdida de permisos para faenar en este banco marisquero, apuntan como principales factores «por un lado la contaminación de la ría, porque hasta hace poco tiempo no se recogían ni bombeaban los vertidos, y luego está la construcción de los muelles». Esta última acción ha provocado un cambio en las corrientes de la ría y con ello el aumento de los arenales, dando así lugar a la disminución de la zona productiva. Con todo ello la producción lógicamente ha descendido mucho; las previsiones para esta campaña era abrir el banco en junio, pero entonces se detectó por primera vez la toxina diarreica; luego la intención era abrir dos semanas entre finales de agosto y principios de este este mes, pero también fue necesario cerrar. Las mariscadoras de a pie han aprovechado esta circunstancia para retirar mejillones de la ría, cuya presencia dificulta la cría de la almeja; se trata de una actividad que llevan a cabo en colaboración con la Xunta y que ha supuesto la extracción de unas 30 toneladas. A pesar de la pérdida de producción del banco, en O Burgo sigue funcionando, aunque de una forma un tanto efímera, la venta de permisos para faenar en la zona (es una opción similar a lo que ocurre con las licencias de taxis, cuya venta no está prevista en la legislación pero sí se hace entre particulares). Todos estos profesionales saben quien ha sido el último comprador de uno de estos permisos y que ha pagado por el mismo unos 42.000 euros. En función del estado en que se encuentre el banco marisquero, Pesca renueva cada año la concesión de los permisos de explotación que, según explican los mariscadores, «están sometidos a topes con un máximo de 10 kilos de almeja babosa» y también al tamaño de los bivalvos. Matizan asimismo que la Xunta no da permisos de explotación personales, en el caso del marisqueo a flote, sino que la licencia es para la embarcación.