Crónica Méndez Núñez no sólo da cabida estos días a volúmenes antiguos y de ocasión. Entre los «stands» podemos encontrar mapas, fotos y hasta matrículas de algún país americano
26 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?Pasen y lean», cuelga en uno de los stands. ¿O debería decir «pasen y vean»? La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión no es apta sólo para búsquedas bibliográficas, pero encontrar en ella otro tipo de materiales exige bucear entre los puestos con afán de explorador: los documentos más antiguos y los álbumes más valiosos pocas veces se advierten entre las estanterías con una primera mirada. Un mapa de carreteras de los años cuarenta es poco útil si pretendes desplazarte por la Autopista del Atlántico, pero en el puesto de la librería Basílica de Javier González se convierte en una antigüedad, justo al lado de la fotografía del puerto de Vigo que nacía al siglo XX. Tampoco con las entradas de cine de O Recuncho veremos una película, pero podemos imaginarnos el celuloide de épocas pasadas. Y aunque Mercedes Doval, que regenta la librería, afirma que la publicidad «en A Coruña se vende muy poco, no son coleccionistas», un cartel publicitario de Ecla: «Sin ácido, sin esencia, no quema el calzado», decora una de las paredes. Mariquitas De las mariquitas por un puñado de euros al álbum de cromos de 1910 de más de trescientos euros, en este stand es posible retrotraernos al siglo pasado y mucho más allá, a través de documentos de los puestos de alarma que en algún momento defendieron a la ciudad de los franceses y dejaron su rastro en papel. También quedó la huella de la tuberculosis de 1923 en Galicia en un mapa que pende de la librería Asilo del libro. El doctor Enrique Hervada detalló la mortalidad por mil en dibujo y los fallecidos en tabla. Testamentos y documentos de particiones se mezclan en este puesto de la feria con fotografías de artistas en blanco y negro «que recorrían mundo ganándose la vida», como recuerda Antonio Lorenzo, quien también muestra en su puesto un original álbum de folclore alemán de los años treinta. Papel de fumar En la librería valenciana Torres, las etiquetas de naranjas con nombre de cuento cubren las paredes: desde Ilusión hasta Salero, Pirata y Hofnan, imagen de bufón incluida. Y en Almoneda Altamira, el papel de fumar se vende a un euro, las latas de pimentón se mezclan con crema Búfalo para zapatos, plumas del pasado para escribir líneas de futuro, un flan de coliflor de los tiempos del hambre y una matrícula de Chile desgastada con la que viajar lejos, muy lejos, aunque sea con la imaginación, por tan sólo 18 euros.