Sin cobertura en el siglo XIII

Carmen V. Valiña a coruña

A CORUÑA

Crónica Caballeros con móvil, un todoterreno por las calles empedradas,... Las incongruencias son inevitables cuando dos épocas tan distintas se funden en un mismo espacio

29 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El siglo XIII es una época en la que la telefonía móvil no era ni siquiera un proyecto, pero en la feria medieval se han podido ver estos días caballeros enganchados al Vodafone de turno. También damas con cigarrillo rubio en la comisura para olvidar el estrés de una vida mucho más acelerada que la que delatan sus ropas. Pasa un cuatro por cuatro por las calles empedradas y despierta a la taberna medieval con latas de Coca-Cola y a la musulmana con acento de Valencia. Dos argentinos se han adelantado a Colón y recorren España en su puesto de artesanía. Próximo a ellos, alguien vende carteles de madera en los que se han tallado palabras que carecerían de sentido para un hombre medieval: «Oficinas» y «Servicios». Avanza la mañana. Una guardería medieval acoge a niños con camisetas holgadas y vaqueros. Un tío con traje de época desecha los almendrados que vende Rocío en la panadería Lozano y opta por la bollería industrial. Las gominolas artesanas se mezclan en un mismo puesto con los caramelos envueltos en plástico y un tipo con cresta teñida de rubio se convierte en ese escenario, sin él saberlo, en un revolucionario de la peluquería. Al lado de la plaza medieval, la especulación moderna en unas obras colmadas de andamios. Y entre todos, vestida de noble, una mujer se aleja por la plazuela de las Bárbaras. Ella sí que ha conseguido engañar al tiempo. Dos épocas ?o resulta fácil, cuando uno ha decidido ganarse el pan en una feria medieval con su mercancía, optar por mantener el sabor de la época renunciando a productos que poco tienen de histórico. Magdalena Torres vende gominolas artesanas, pero también caramelos duros envueltos en plástico. La jabonería opta por los productos de cosmética naturales pero debe enfrentarse a problemas de pieles secas de los jóvenes modernos y a la competencia de las pastillas. Y María Fernández, con sus juguetes de madera, ha tenido que rendirse a la evidencia de que las pistolas sean uno de los productos preferidos por los niños que se acercan hasta su puesto. Y ni unos ni otros renuncian a la comodidad del chándal de turno por un traje de gala. Eso sí, cuando llega la foto, la intención es unánime. Habrá que cambiarse, ¿no?