Muerte en el ruedo

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

ALBERTO MARTÍ VILLARDEFRANCOS

Historias de A Coruña | Desgracias taurinas El asturiano Andrés Gallego González fue el primer y último matador que perdió la vida en el coso coruñés en el mes de agosto del 1916

01 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La Voz tituló, en su primera página, el 28 de agosto de 1916: «La vida por la fama. El desventurado fin de un novillero». Se llamaba Andrés Gallego González y era natural de Asturias, aunque su familia residía en Lugo. Así lo describía el cronista taurino del periódico: «Era un guapo mozo, alto, rubio, de aspecto fuerte, aunque con cara de hombre enfermo». Andrés participó el domingo 27 con otros tres jóvenes en una novillada que tuvo un anticipo cómico con la actuación de Díaz-Charlot y Secas-Llaidera. En su primero de la tarde hizo una faena discreta, que culminó con cuatro pinchazos y una estocada. En el segundo, que fue calificado como «bronco y ya corrido en capeas» que «sabía más que los toreros». Bien ayudado por los peones, aprovechó la primera igualada para entrar a matar, pero al hacerlo, el toro, que se había quedado en el centro de la suerte, lo enganchó, mandándolo hacia atrás a considerable altura. Andrés quedó tirado en el suelo, pero cuando intentó levantarse ya no pudo, llevándoselo rápidamente a la enfermería. Mientras tanto, el toro quedó suelto y un torero que asistía a la corrida vestido de paisano se ofreció a matarlo, a lo que no accedió la presidencia. Después de muchas idas y venidas, uno de los peones se ofreció a hacerlo si se le pagaba cierta cantidad de dinero, lo que fue autorizado. Al llegar Andrés a la enfermería se dictaminó: «Lesión en la parte superior lateral derecha de la región abdominal, que no interesa más que a la piel y al tejido celular». Después de ponerle una inyección de cafeína para reanimarle, se le dieron unos puntos de sutura, colocándosele unos apósitos, tras lo que fue llevado al hotel Europa donde se hospedaba, acompañado por el doctor Lens. Sin embargo, horas después, el novillero comenzó a quejarse de fuertes dolores en el vientre, por lo que hubo que llamar otra vez al doctor Lens, quien le puso una inyección de aceite alcanforado. Pero el estado se fue agravando más, quedando en coma. Fueron llamados otros galenos (los señores Hervada y Gutiérrez Moyano), pero no se pudo hacer nada por la vida del infortunado joven, que a las diez y media de la noche dejaba de existir. Creyeron entonces los médicos que debió de producirse una hemorragia interna, aunque no copiosa, pues Andrés Gallego no tuvo vómitos ni se le apreció otro signo externo. Biografía Avisados sus familiares de Lugo, pronto llegarían sus hermanos Matías y Juan, que eran funcionarios del Banco de España en dicha ciudad. Su padre, Carlos había sido cajero en la sucursal coruñesa de este banco y después director de la de Lugo. Se supo, también, que Andrés había abandonado a los 15 años a su familia, incapaz ésta de disuadirle para que no se dedicase a tan peligrosa profesión. Hacía dos años que ya actuaba como novillero, destacándose de él su valentía y pundonor. En la temporada de su muerte había toreado en otras plazas, como Algeciras, Vélez-Málaga, Esquivias (Toledo), Pontevedra y Cáceres. Tenía, asimismo, contratadas varias corridas en las plazas de Tetuán, Toledo y Vista Alegre. Andrés Gallego sería enterrado al día siguiente en el cementerio de San Amaro. La autopsia certificó que el asta de toro, contra lo que se suponía, penetró de abajo arriba, recorriendo en el interior una extensión de 15 centímetros. Llegó al intestino, perforándolo y produciendo una hemorragia interna que sería la causante de la muerte del infortunado joven.