El pulso de la ciudad El inolvidable presentador de 76 años, que guarda 300 corbatas y 700 películas antiguas, estuvo ayer en A Coruña y recordó su juventud en Lugo
30 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?e iba a encontrar con José María Carrascal en el hotel NH Atlántico, pero la entrevista arrancó con media hora de retraso, nada al lado de lo que pasaba en televisión cuando presentaba el informativo nocturno. Empezó a las once y media, pasó a las doce, por lo del al filo de la medianoche, y cada día la emisión era más tarde. «Mi récord lo tengo establecido en las tres y diez de la madrugada. Recuerdo que en el avance de las noticias de aquel día aconsejé a los telespectadores que se fuesen a la cama y por primera vez me dieron un toque desde dirección», comenta el presentador de las corbatas llamativas. «Ahora ya casi no compro. Tengo unas 300 y muchas las regalo o las dono para subastas benéficas» indica. Aquel joven lucens e Hablar con Carrascal es como hacerlo con un amigo de tu padre. Cuenta batallitas lejanas que parecen próximas y anécdotas periodísticas que causan admiración. Nació en León en un año redondo, 1930, pero pronto todo se torció y la familia tuvo que buscar cobijo en Lugo, donde residía su tía y madrina. «Sigo muy vinculado a la ciudad y conservo amigos de entonces y nunca falto a la comida de la promoción. Recuerdo que veníamos a La Coruña que era como ir a Madrid. Hasta se veían coches», afirma. Dijo adiós a las murallas en 1947 para estudiar Náutica en Barcelona y más tarde Filosofía y Periodismo, la carrera que le dio una fama que todavía conserva. «Por la calle me piden que vuelva», comenta a sus 76 espléndidos años. En la sede de la Fundación Caixanova habló ayer de su último libro, La Jubilación, la vida sigue . «Cuidar la salud es básico. Estar en activo y controlar la alimentación. También es importante aprender a gastar el dinero y mentalizarse de que un jubilado sirve para mucho», aconseja. Ahí lo tienen. Dice que apenas ve la televisión porque le consume un tiempo que no está dispuesto a perder y que invierte en ver alguna de las 700 películas antiguas que conserva en la casa de Nueva York en la que pasa los otoños y las primaveras o en ultimar un nuevo libro que versará sobre la figura de Ortega y Gasset. «Cuando llegas a mi edad eres, por fin, dueño de tu tiempo», sentencia. Bienvenida médic a ?l Juan Canalejo suena en el mundo y algunos de sus profesionales gozan de fama internacional. Sirva como ejemplo el caso de Mohammad El Diasty , un joven egipcio que decidió realizar la especialidad en España porque «el título de especialista de aquí me permite ejercer en cualquier parte del mundo», explica. Aprobó el MIR y empezó a trabajar como cirujano torácico en el hospital La Fe de Valencia pero decidió volver a presentarse a la temida prueba para optar a una plaza al lado del doctor Alberto Juffé en el área de cirugía cardíaca del hospital coruñés. Mohammad es uno de los 74 nuevos residentes-61 de especializada y 13 de primaria-que ayer fueron recibidos en el centro hospitalario. Por cierto, además de un egipcio, hay médicos de Austria, Perú y Ecuador. Una promoción muy internacional. El último dato que les doy es que el licenciado que llegó con mejor nota de la prueba de acceso optó por cirugía maxilofacial. Matogrande, grand e ?uelvo a esta zona que sale a inauguración de local a la semana. La última ayer en el edificio Torre de Cristal de la calle Enrique Mariñas. Es el segundo nombre de gran periodista que escribo hoy. «Era mi ilusión desde hace tiempo. Creo que hacía falta un restaurante de estas dimensiones», analiza Carlos Rodríguez , de 34 años, propietario de La Bottega, igual que el otro que tiene en Los Olmos. Es un local de más de 500 metros cuadrados con capacidad para 250 comensales y en el que trabajan 25 personas. «Además de crepes y ensaladas, en la carta tenemos pescados y carnes», explica