Un total de cien ejemplares se exhiben esta semana en una muestra Los alumnos de la Aneja han cedido 40 obras antiguas que tenían en sus casas
26 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?o tuvieron que buscar en el baúl de los recuerdos, sino en los fondos de su biblioteca. Los responsables del colegio de educación infantil y primaria denominado de Prácticas o la Aneja -situado al lado de la antigua escuela de Magisterio- decidieron hacer limpieza de su centro de lectura, uno de los más antiguos de la ciudad, y encontraron un tesoro: más de doscientos libros con más de cien años de vida -algunos incluso del siglo XIX- de distintas temáticas y corrientes pedagógicas vinculadas a la docencia, así como obras de literatura de todo tipo. Con todo este material, según explica la jefa de estudios de la escuela, María José Barral, se montó una exposición con el objetivo de «hacerles entender a los estudiantes la riqueza que poseen los libros antiguos, además de servir para mostrar todos los fondos con los que contamos». Aportaciones En un principio, cien ejemplares forman parte de esta muestra -todos ellos cuentan con su fecha de edición-, pero existen muchos más que se han guardado por falta de espacio, aunque la intención de los responsables del colegio sería contar con una exposición permanente de estos libros, que podrían instalarse en vitrinas en la entrada del centro. Pero, éste es un proyecto a largo plazo, por el momento, esta muestra de libros antiguos permanecerá abierta una semana, puesto que es necesario contar con gente que vigile la colección bibliográfica, que puede ser consultada por todos los estudiantes. Otro de los aspectos más importantes de esta iniciativa, fue que también se pidió la colaboración de los alumnos, a los que se les dijo que podían ceder aquellas obras más antiguas que conservan en sus casas, y acompañarlas de una pequeña nota en la que explicaran el motivo por el que debían de estar expuestas. «Hubo algunos que trajeron libros antiguos de los Hollister; otro alumno trajo un libro del principios de siglo con el que su abuela aprendió a tocar el piano, y unos estudiantes extranjeros trajeron libros norteamericanos que su madre tenía guardados», resumió María José Barral, que se mostró encantada con el éxito de esta iniciativa.