Orden y belleza

CÉSAR WONENBURGER

A CORUÑA

EL ÚLTIMO de los encuentros brahmsianos deparó la sesión, sin duda, más redonda de las cuatro dedicadas al compositor hamburgués durante la presente temporada, y una de las que tuvo más público. Para el Doble Concierto , la Sinfónica contó con dos solistas de excepción en Agustin Dumay, un violinista conocido sobre todo por su frecuentes colaboraciones pretéritas con las pianistas Martha Argerich y Maria Joao Pires, y Jiang Wang, violoncelista en ascenso en los últimos tiempos. La fluidez del diálogo, el tono de franca e íntima conversación logrado entre ambos intérpretes alcanzó momentos de honda brillantez desde el propio arranque del concierto, con esa cadenza inicial del violonchelo expuesta con autoridad y poderío por un Wang que lució a lo largo de toda la obra un sonido muy rico, pleno y abundante. El entendimiento logrado entre solistas, orquesta y batuta fue absoluto, juntos redondearon una interpretación sobresaliente. Los buenos augurios del comienzo se confirmaron tras el descanso con una Tercera de Brahms en la que Víctor Pablo consiguió ese ansiado y difícil equilibrio entre clasicismo (forma) y romanticismo (contenido), orden y belleza, que requieren las sinfonías de este autor. Acertó a encauzar coherentemente la energía del discurso brahmsiano dentro de sus límites, sin desbordamientos, pero con la debida tensión en los movimientos extremos y el lirismo de los centrales nítidamente recreado. La exposición del conocidísimo tercero resultó una delicia. A la grandeza de la interpretación contribuyeron todas las secciones de la orquesta con una extraordinaria repuesta del conjunto y soberbias intervenciones individuales de maderas (oboe) y metales (trompa). Palacio de la Ópera. Sinfónica de Galicia. Víctor Pablo (director), A. Dumay (violín) y J. Wang (violonchelo). Obras de Brahms.