Historias de A Coruña | Visitas ilustres La escritora británica Annete Meakin recorrió varias zonas ciudad en el año 1906, y plasmó sus experiencias en el libro «Galicia, la Suiza española»
25 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Una de las viajeras más famosas que tuvo la Galicia del siglo XX fue la británica Annette Meakin, la primera mujer de su nacionalidad que hizo el viaje completo del Transiberiano. Había llegado Annette a nuestra tierra por A Coruña, a bordo del buque de pasaje Reina Federica Augusta , de 11.000 toneladas de desplazamiento, pasados pocos años del 1900, alojándose en el Hotel Francia. Plasmaría sus impresiones en un delicioso libro, titulado Galicia, la Suiza española , publicado en Londres en 1909 por la editorial Methuen (tres cuartos de siglo después se hizo una versión en gallego, que publicó Tambre Ediciones). La obra, que tiene 27 capítulos, se inicia con los versos de Rosalía de Castro: «Lugar máis fermoso, no mundo n'hallara». A su paso por A Coruña dedica el capítulo XIII. Su visita a la ciudad herculina (cuya entrada en el puerto califica de peligrosa) empezó por la tumba de Moore, rito que se cumplía fielmente en todos los viajeros ingleses. Apuntó Annette que la modestia de la tumba del general inglés contrastaba con la rimbombante lápida con inscripción que figuraba en la abadía de Westminster. Añadió sobre Moore: «Muchos alcanzan la inmortalidad sin buscarla y mueren antes de que el primer rayo haga brillar su nombre: uno de ellos fue Moore. El atormentado general retirándose a través de Castilla con sus abatidas tropas acosadas por un feroz y terrible enemigo, no pudo imaginar que estaba a punto de obtener aquello por lo que muchos hombres, mejores y más grandes, aunque ciertamente no más valerosos, suspiraron en balde». Tras transcribir el famoso poema de Wolf, que empezaba con la estrofa «No se escuchó un tambor, ni una nota funeraria», la viajera visitó el cementerio de San Amaro. Un cura la explicará: «Los panteones y los nichos son las tumbas de los ricos, ya que sus familiares y amigos pueden permitirse pagar sumas considerables de dinero por tal privilegio; las tumbas que están bajo la hierba son las de los pobres, que no pudieron pagar más que yacer en el campo raso». Industria agrícola Cerca de la torre de Hércules se extrañó ver a las mujeres trabajando «con hoces prehistóricas en forma de media luna». Menciona, faltaría más, la hazaña de María Pita, refiriéndose seguidamente a la pesca como «la industria más importante de la ciudad», bien surtida por las fábricas de hielo. Destacó el «tren de pescado» que sale todos los días para Madrid, y en el que iba el fruto de muchos esfuerzos y sinsabores. Apuntó que antes de la llegada del hielo, una de cuyas fábricas visitó, las sardinas estaban muy baratas y eran una comida muy utilizada por la gente pobre, pero que después se pusieron muy caras. Añadirá en otro párrafo: «Los pobres de A Coruña subsisten principalmente a base de verduras (...) También toman una taza de café o chocolate para el almuerzo y su comida consiste en una taza de 'kaldo gallego', hecho con berzas y pan, que es famoso en toda España. Se bebe más café que chocolate, pues lo consideran un estimulante. El mejor chocolate de A Coruña cuesta cuatro pesetas, una libra, pero, el que toman los pobres, sólo cuesta una peseta la misma cantidad». Tras visitar una modesta casa de madera, le preguntó a su inquilina si no tenía miedo de que ardiera, pues además usaban velas para alumbrarse. «No señora, nunca oí que ardiese una casa en A Coruña», le contestó la mujer muy segura. También visitó el Asilo de Ancianos, que regían las Hermanas de la Caridad. En cada dormitorio vivían veinte pobres. Después se trasladó a la Fábrica de Tabacos, en la plaza de A Palloza. Señalará que en España sólo funcionan once de ellas. En la coruñesa, según ella, estaban trabajando tres mil mujeres y cuarenta hombres. Los cigarros comunes se vendían a tres peniques la unidad.