Dos coruñeses en el Vaticano

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

ARTURO MARI

Historias de A Coruña | Pita Romero y Abella Ramallo fueron embajadores de España La embajada española ante la Santa Sede contó, en épocas muy diferentes, con otros dos ilustres vecinos nacidos en la ciudad herculina

04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Otros ilustres coruñeses ocuparon la embajada de España en el Vaticano en muy distintas épocas. Se trata de Leandro Pita Romero y Carlos Abella Ramallo. El más brillante de los dos fue Pita Romero, nacido en Ortigueira en 1898 y que, con tan sólo 19 años, había terminado las carreras de Derecho y Magisterio. Pita había concluido el bachillerato en el Colegio Católico de A Coruña, sito en la calle del Príncipe. Tras ejercer el periodismo en Madrid, durante cinco años, retorno a A Coruña, en donde fue director del diario El Orzán, entonces uno de los más prestigiosos de Galicia, en el que colaboraban Fernández Flórez, Picadillo y Pan de Soraluce, entre otros. En 1926 contrajo matrimonio con la joven coruñesa María Olmos y al año siguiente ganó, por oposición, la plaza de secretario de la Cámara de Comercio. Durante la segunda República ejerció la actividad política, siendo diputado y ministro de Marina en noviembre de 1933, con Lerroux de jefe de Gobierno. Fue, asimismo, con 35 años, el ministro más joven que tuvo el régimen republicano. Posteriormente lo fue de Estado (que era como se denominaba entonces el de Asuntos Exteriores). La necesidad de la República de establecer una representación a nivel de embajada ante el Vaticano, llevó a Pita Romero, ferviente católico, a tan alto puesto, tras haber negado la Santa Sede el plácet al anterior candidato, Luis de Zulueta. En 1935 nació su tercer hijo, que fue bautizado en Roma por su buen amigo Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado del Vaticano y futuro Papa Pío XII. En febrero de 1936, tras el triunfo del Frente Popular, se retiró de la política, encontrándose en A Coruña en julio del mismo año cuando estalló el alzamiento. Tras las amenazas sufridas de las brigadas represoras (tuvo que irse a Ortigueira en varias ocasiones), su gran amigo, el financiero Pedro Barrié de la Maza, se ofreció a llevarle en su propio coche a la frontera portuguesa, marchándose seguidamente a Argentina, adonde llegaría posteriormente su familia. Exilio Allí ejerció la abogacía (tuvo que revalidar su título) y el periodismo, en diarios como La Prensa y La Atlántida. Fue distinguido con diversos premios, como el Manuel Belgrano de ética y el Alberdi Sarmiento de periodismo. También representó los intereses de varias entidades españolas, como el Banco Pastor. Incluso se le ofreció un puesto relevante, por medio de Nicolás Franco, hermano del dictador, en la Administración del Estado, que rechazó. A partir de 1960 visitó España en varias ocasiones, disfrutando de varios veraneos en Ortigueira. Falleció en Buenos Aires en 1985. Bastante más reciente es Carlos Abella Ramallo, nacido en A Coruña en 1934. Ingresó con 20 años en la carrera diplomática. Fue secretario, consejero o cónsul en Manila, Estocolmo, Uganda, Kenia y Madagascar y los consulados de Miami, Perú y Río de Janeiro.