Ni los vecinos ni el perro que vigila la nave se percataron de la presencia de los cacos
02 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?nos desconocidos robaron en la madrugada del miércoles 312 bombonas de butano vacías del depósito distribuidor de Repsol ubicado en Oza dos Ríos. El propietario del almacén, Augusto Javier Lomba, valoró el material desaparecido en unos seis mil euros. Lomba recordó que ya no es la primera vez que le roban en su planta. Las instalaciones se encuentran, siguiendo la legislación vigente, fuera del casco urbano y en una zona en la que tan sólo vive una familia. Javier Lomba afirmó que los cacos prepararon el asalto «de forma concienzuda». Asegura que conocían perfectamente el parque y dónde se encontraba el material. Tal afirmación la fundamenta en la forma en que se cometió el robo. Destaca que la operación la realizaron silenciosamente, hasta el punto de que a pesar del ruido que causa la manipulación de este tipo de botellas «los únicos vecinos del lugar no escucharon nada». Además, los cacos no forzaron la entrada. El portalón está blindado con una gran cerradura y fijado al suelo de la parte interior del recinto. Sin embargo, Javier Lomba supone que saltaron el muro, desarmaron el gancho fijador y «abrieron la cerradura sin romperla». Destino a una chatarrería Otra de las circunstancias que llaman la atención es cómo los ladrones pudieron burlar la vigilancia del perro. Los vecinos del almacén tampoco oyeron ladrar al animal. Además, en el depósito se encontraba en orden cuando los empleados de la distribuidora llegaron a su puesto de trabajo. Por esta razón, Augusto Javier cree que los cacos se dirigieron directamente hacia su objetivo. En la planta, las bombonas se encuentran clasificadas en dos áreas diferenciadas: zona de lleno y vacío. Los amigos de lo ajeno conocían el lugar de las bombonas agotadas y allí, supuestamente en un camión pequeño, cargaron los envases. ¿Por qué no se llevaron las botellas llenas? El propietario del almacén tiene la respuesta. Los ladrones saben que aunque alguien les comprara las botellas de butano «podrían ser descubiertos por las autoridades y el delito es mucho mayor que el robo de envases vacíos». En cambio, las bombonas que se llevaron las pueden colocar muy fácilmente en una chatarrería. Lo único que tienen que hacer es sacarle las válvulas de seguridad (la cabeza) y después se suelen colocar en una prensa mezcladas con otro tipo de acero para hacer paquetes y enviarlos a una acería. El precio medio de la chatarra de hierro en la actualidad oscila entre los 13 y 15 céntimos de euro. El peso total de la mercancía robada se estima en unos 5.000 kilos, por lo que los cacos pudieran hacerse con un botín de unos 750 euros. Lomba indicó que el robo le causa muchos trastornos de papeleo con la aseguradora.