El Borrazás hace historia

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: JOSÉ C. PÉREZ

Reportaje | Bares con pedigrí El mítico local de la calle Orzán, abierto desde 1925, pasará a ser el más antiguo de los clásicos en la ciudad, una vez que cierre sus puertas el Asturias

28 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

«Dende 1925». La pintura de la fachada del edificio en el que está el café Borrazás deja bien clara la solera del local. Más de 80 años en los que ha cambiado radicalmente su entorno, su clientela y su estilo, pero no su espíritu. Un bar familiar en el sentido más amplio de la expresión, ya que no sólo lo regentan los descendientes del fundador sino que, tal y como asegura su actual propietaria, Esther Vázquez, «los clientes terminan siendo casi de la familia. Hasta nos invitan a las bodas». Se trata, en efecto, de uno de esos bares de mesas de mármol y tablero de ajedrez. Un establecimiento innegablemente coruñés. Las paredes del local destilan historia. «Hicimos una reforma a principios de los 90, pero quisimos mantener el aspecto antiguo, con las paredes de piedra viva y toda la decoración», explica Esther. Y es que entrar en el Borrazás es como hacerlo en un museo. Elementos como el espejo quebrado de Vino Sansón tienen su propia leyenda, tal y como cuenta la propietaria: «No se de qué año será, lleva ahí toda la vida. Llamamos a la empresa del vino y no conocían la existencia de este modelo de espejo». Pero es que la clientela de este café ha estado siempre nutrida de escritores y artistas, que a menudo han dejado sus obras en el Borrazás como pago o como simple muestra de aprecio a Paco, el difunto marido de la actual propietaria. «Correa Corredoira, Abelenda, Cabezas... Todos pasaron por el bar y guardamos recuerdos suyos», cuenta Esther. Como unas láminas pintadas por Cabanas con café allí mismo, desayunando, y con dedicatoria a Paco incluida: «Las he enmarcado, aunque seguro que el autor ni se acuerda de ellas». Un bar con una clientela que va buscando tranquilidad, juegos de mesa y buena conversación. Así lo atestigua Luis Enrique, que lleva detrás de la barra desde hace seis años: «Es un bar de cafés por la mañana y cerveza por la tarde, con funcionarios de Hacienda que pasan después el trabajo y, sobre todo, mucha juventud». Calcula la edad de la parroquia entre los 18 y los 35 años: «Dejan de venir cuando adquieren más responsabilidades y se van renovando generación tras generación». Ese es, precisamente, uno de los milagros del Borrazás: sin haber cambiado en 80 años, sigue estando de moda.