Las noches coruñesas de Sabina

Rubén Ventureira A CORUÑA

A CORUÑA

MIGUEL VILLAR

Reportaje | Andanzas locales de un cantautor Cuentan que el andaluz se inspiró para una famosa canción en una experiencia que vivió en la ciudad. Sí está confirmado que la penúltima vez que vino esbozó otro tema

21 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue en una ciudad (que no pueblo, como canta) con mar, una noche después de un concierto. Y ella no reinaba detrás de la barra del único bar que vieron abierto, sino que trabajaba en el departamento de Fiestas del Ayuntamiento. Cuentan, pero Sabina nunca lo ha confirmado, que una experiencia coruñesa inspiró Y nos dieron las 10 , la legendaria canción que El Flaco de Úbeda incluyó en Física y Química (1992). Lo cuenta un muy fiable testigo de una noche en la que a Sabina le dieron las tantas (quizá las 10, quizá las 11) en la discoteca coruñesa Pirámide. Iba con amigos y también estaba ella, a la que acababa de conocer. Al salir, caminaron y llegaron hasta la esquina de la calle Juana de Vega con la plaza de Pontevedra, donde había y hay una sucursal bancaria. En el tema, el cantautor narra una primera noche de amor intenso («y desnudos al amanecer / nos encontró la luna»), una despedida («nos dijimos adiós / ojalá que volvamos a vernos») y un regreso al estío siguiente («y a tu pueblo el azar / otra vez el verano siguiente me llevó»), vuelta a la que se encuentra que hay una sucursal del Banco Hispano Americano en lugar del bar de la moza. La emprende a pedradas con la oficina y acaba detenido por los municipales. Moza coruñesa Hay disonancias entre la historia coruñesa y la de la canción, pero es que la ficción a veces supera a la realidad. Lo que no es ficticio es que Joaquín Sabina tuvo durante dos o tres años una novia coruñesa a la que conoció en la ciudad herculina y con la que acabó viviendo en Madrid. No hay nada de legendario, pues hay un papel que lo demuestra, en el amistoso encuentro entre Joaquín Sabina y una joven fan el 23 de enero de 1997. Ocurrió al final de un concierto que había ofrecido en el Palacio de Congresos. Ella lo esperaba en las escaleras del Auditorio, y le dijo: -Te odio. -Vente a tomar unas copas y explícame los motivos. Accedió a la invitación. Copearon en un pub de Juan Flórez. Y les dieron las cuatro, momento en el que Sabina preguntó si tenía un reproductor de casetes. «Es para escuchar la cinta del concierto», explicó. Se fueron a casa de la moza. Y la escucharon durante dos horas y pico. Fluyó la charla («sobre Chavela, sobre Silvio...»). Se vaciaron la nevera y el mueble-bar. Sabina tomó un papel y escribió esta estrofa: «Y era fantástico estar solo / y era estupendo estar solo / y era estupendo hablar / y estar callado / y hacía bastante frío / y era verano / y ella tenía un amor». De la casa, al Soweto, el after hours de la calle Magistrado Manuel Artime. Y del Soweto al hotel entonces llamado Tryp María Pita, donde la invitó a desayunar. Nunca más se volvieron a ver el cantautor y esta joven. Ella guarda el anonimato, y también guarda aquel papel en el que su artista favorito esbozó una canción. También conserva un billete de moneda cubana que él le regaló. Aunque la relación de Sabina con la ciudad es de amor, también hay un episodio un tanto odioso. El 5 de octubre de 1994, 7.000 personas aguardaban en el Coliseo por el jienense. No apareció. Demoró el vuelo de salida de Madrid al máximo, y cuando al fin llegó a Barajas el temporal había suspendido decenas de vuelos, entre ellos los de dirección Galicia. En un arrebato de profesionalidad, alquiló una avioneta y partió rumbo al aeropuerto de Alvedro. No avanzó mucho. Al rato de despegar, hubo que dar la vuelta. El clima no invitaba a aventuras. Mientras Sabina intentaba llegar a la ciudad, el Coliseo aguardaba. Y los 7.000 reaccionaron con pitos al anuncio de cancelación del concierto. Se celebró al día siguiente. El retraso tuvo impacto publicitario: acudieron 9.000.