Tres de los locales en los que se prohíbe fumar están separados por pocos metros en la calle de la Estrella. Sus propietarios dicen que algunos clientes se han esfumado
16 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«Todavía es muy pronto para saberlo con seguridad. Lo que sí es cierto es que perdí algunos clientes, pero si va a ser como hasta ahora, lo voy a notar muy poco». Eli García es la propietaria de El rincón de Eli, un local de la calle de la Estrella en el que no se permite fumar tras la entrada en vigor de la ley antitabaco. La mayoría de los locales de menos de cien metros cuadrados de la ciudad han optado por permitir que se fume en el interior del local, sin embargo, en la calle de la Estrella comparten espacio tres negocios que han optado por prohibir el consumo de tabaco. Los propietarios de estos locales lo han tenido fácil para tomar la decisión de prohibir el humo en sus bares. Ninguno de ellos fuma. «Ni mi familia ni yo fumamos, y tampoco los camareros. Y el tabaco mata, eso lo sabemos todos», explicaba ayer Ruihai Guolin, dueño del restaurante Gran China, a pocos metros del local de Eli García. En la esquina con Rúa Nueva está la otra cafetería en la que no pueden entrar clientes con un cigarrillo en la mano. El local, Centro Gallego, pertenece a Manuel Varela, que lleva sin fumar más de 10 años. Iguales beneficios Tras dos semanas conviviendo con la nueva ley, los hosteleros ya han notado alguna baja entre la clientela. Pero, como ellos mismos señalan, el descenso de visitas no se ha traducido, por el momento, en pérdida de beneficios. La clave, según los hosteleros, está en que han ganado clientes no fumadores, y en que los habituados a la nicotina que tenían no sufren con las prohibiciones. «Hay gente que viene a cenar y, cuando termina, se levanta y sale a la calle con el pitillo. No pasa nada», explica Guolin. Ninguno de los tres hosteleros afirma tener miedo a que la situación pueda complicarse en el futuro. «Aquí siempre viene gente. A lo mejor pierdes algún cliente, pero vienen otros dos. Es un círculo. Y no hay razón para estar inquieto», comentaba ayer Manuel Varela. Su opinión la comparte Eli García. «Al final, probablemente, ganas más de lo que pierdes. Lo que pierden algunos, lo ganan otros. Aquí ya ha entrado gente que comenta que les da gusto entrar en un espacio sin humo». A la hora de mirar al futuro, los hosteleros coruñeses se muestran confiados en que la situación no de un giro. Hasta ahora, al margen de haber pedido algún cliente, las cuentas no han sufrido muchas variaciones. Hábitos También señalan que a la población le falta acostumbrarse a los nuevos hábitos, pero que, una vez que esto suceda, casi no se notarán las diferencias con respecto a la anterior situación. «El problema del hostelero es que tiene miedo a la reacción de algunos clientes. Pero no pasa nada, no tendrá ningún problema con la gente», dice García.