Los Chaplin de Vilarrodís

Laureano López
Laureano López A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Reportaje | Reciclaje de película Un vecino de Arteixo monta un cine en casa con ocho de las butacas de las salas de la ronda de Outeiro: «La entrada es gratis, pero sólo dejo pasar a mis amigos»

06 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Hay vida después de la muerte. Al menos, para los cines. Las míticas salas Chaplin de la ronda de Outeiro murieron el 25 de agosto, pero ahora resucitan en Vilarrodís (Arteixo) gracias a Amadeo Taboada, un amante del séptimo arte que acaba de adquirir ocho de las butacas de los viejos cines para montarse el suyo propio en casa. «Me salieron a 30 euros cada una. Me las vendió un amigo que se compró todas y fue un chollo, porque cuando cerró el cine aún eran muy nuevas y costaban algo así como 360». Taboada pensó adquirir también la máquina de palomitas de los Chaplin, pero era «demasiado grande», y se conformó con hacerlas al modo tradicional «en la sartén, con un poco de aceite y un poco de sal». Deuvedés La nueva sala está habilitada en una de las habitaciones de su casa, donde ha instalado un proyector y una pantalla panorámica. La única diferencia con un cine de los de verdad es el número de butacas y el tipo de cintas, que no son de rollo, sino de vídeo, deuvedé y cedé. Entre las 500 películas de este amante del séptimo arte, «un poco convertido por culpa de mi mujer, que es la más cinéfila de los dos», figura todo el cine de Ingmar Bergman y su filme favorito, Muerte en Venecia, de Luccino Visconti. Este informático y escritor de «libros raros» usa el cine menos de lo que quisiera, «porque cuando vienen mis hijos, que están fuera, se apalancan en la sala y no hay quien los eche». Algunos vecinos ya le han pedido que haga pases de películas de Disney para los niños de la comunidad. «La entrada -explica- por ahora es gratis, pero sólo dejo pasar a mis amigos, porque uno tiene que velar por su intimidad». El cine convencional casi no lo pisa, porque el suyo «es más barato, me puedo tomar lo que quiero y la principal ventaja es que puedo echarme un pitillo cuando me apetezca. Y lo voy a seguir haciendo ahora que ha entrado en vigor la ley antitabaco».