A Nueva York le gusta la Torre

La Voz

A CORUÑA

El Servicio de Parques Nacionales de EE.UU. pide el respaldo político español para firmar la unión de los dos monumentos: «Estamos decididos a conceder la hermandad», aseguran

26 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

n la cumbre de su carrera periodística, el entonces crítico de arquitectura de The New York Times, Herbert Muschamp, aterrizó en Alvedro. Muschamp era la voz más respetada en su campo de toda Norteamérica, y estaba recogiendo información para un artículo sobre la Domus. Al regresar a la redacción del Times, dedicó las primeras líneas de esa página a la Torre de Hércules. «La forma evoca fantasías de Pharos (el legendario faro de Alejandría), e incluso Babel», escribió el 20 de julio de 1997. Ocho años después de que se imprimiese aquella frase, A Coruña la tomó prestada para venderse en Nueva York y Washington ante el Servicio de Parques Nacionales y el propio Estado Federal, que son los responsables de la Estatua de la Libertad, y conseguir un pacto para hermanarla con la Torre de Hércules. Para sorpresa del embajador en Nueva York del Instituto de Estudios Torre de Hércules, la entidad de quien partió la iniciativa y que se encarga de las gestiones, tras varias reuniones el Servicio de Parques Nacionales dio el sí quiero. «Estamos decididos» Así relató ese embajador, Manuel Vázquez, ?un emigrante sadense? el final de una de sus entrevistas con Frank Mills, el superintendente de la Estatua: «Después de nuestra presentación dijo: ?estamos decididos a conceder la hermandad?. Aseguró que estaban muy interesados en el proyecto, y que éste se puede hacer de varias formas, que se tendrán que decidir con el acuerdo de las dos partes. Puede ser desde un simple intercambio de documentos hasta visitas de directores o políticos, con intercambio de exposiciones de fotografías, historia, leyenda y artefactos». «Sería increíble el beneficio que obtendría la ciudad de hacerse realidad esto: imagínese que los millones de personas que visitan la Estatua de la Libertad pasan antes por la exposición de la Torre de Hércules. Una campaña de publicidad impagable. Por no hablar de que multiplicaría las posibilidades de que la Torre fuese elegida Patrimonio de la Humanidad y supondría el inicio de unos intercambios con Nueva York que podrían sobrepasar lo cultural», asegura Segundo Pardo-Ciórraga, número dos del Instituto, que dirige el doctor José Luis Vázquez Iglesias y que preside el alcalde, Francisco Vázquez. Ante la buena marcha de las negociaciones, el pleno municipal decidió por unanimidad hace pocos días iniciar los contactos a nivel político con el Servicio de Parques Nacionales y las autoridades federales, a la vez que instaba a la Xunta y al Gobierno a respaldar esas gestiones. Estos dos últimos apoyos serían claves, así como el de la Casa Real, por cuya postura Mills preguntó durante su entrevista con Manuel Vázquez. Hasta ahora, han sido Caixa Galicia, Repsol y Caixanova, y en menor medida la Diputación, los que han financiado el proyecto, mientras que los Colegios de Arquitectos e Ingenieros de Caminos han realizado gratis toda la planimetría. Argumentos ¿Qué argumentos convencieron a los estadounidenses? Si la Estatua conmemora la victoria estadounidense en la Guerra de la Independencia, el Instituto hizo hincapié en el papel jugado por A Coruña en esa contienda. Para dar fe de ello, encargó un pormenorizado estudio que coordinaron Alfredo Vigo y el director del Arqueológico, José María Bello. En él se destaca que aquí recaló el enviado del Congreso y futuro presidente, John Adams, en diciembre de 1779. Adams redactó tras su paso por la ciudad un informe en el que recomendaba convertir A Coruña en puerto preferente del comercio con Norteamérica. «El cónsul francés también vino, y con él y con Mr. Dana fuimos a la Torre de Hierro (así llama al faro), que es un monumento muy antiguo. Es de piedra y tiene cien pies de altura. Estaba destinado a faro, porque desde él se domina un gran panorama del mar (...) Antes tenía una magnífica escalinata, que subía en espiral desde el suelo hasta la altura máxima, y se dice que una vez un general subió a caballo hasta lo más alto, o quizás lo hizo en coche», escribe Adams en su diario personal. Ayuda a la revolución De A Coruña partían constantemente buques con provisiones y armas para los colonos rebeldes, que arribaban a Nueva Orleáns, en donde todavía se conserva un escudo de la ciudad. Y la Torre guiaba a las escuadras españolas, francesas y corsarias que cruzaban la zona para hostigar a los ingleses. Junto a Adams viajaba su hijo John Quincy, que también sería presidente; por A Coruña también pasaron el corsario Gustavo Conyngham, pesadilla de los ingleses, el marino John Paul Jones, primero en izar la bandera estadounidense en un navío, y John Trumbull, pintor de George Washington. También destaca el estudio que, mucho antes de que eso ocurriera, la segunda expedición que llegó a la entonces desierta isla de Manhattan partió del puerto coruñés. Simbolismo Otro de los lazos simbólicos que unen a ambos monumentos es su situación: el faro era el último signo visible del Viejo Mundo para navegantes y para los emigrantes que partían rumbo a América, y la Estatua era la puerta del Nuevo Mundo. Uno es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, el otro fue bautizado por su escultor con ambición de faro global: La libertad iluminando al mundo. El último argumento es el de Herbert Muschamp, aquella visión que tecleó en el Times. El de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Si la Torre se inspiró en el Faro de Alejandría, recuerda el Instituto, el autor de la Estatua clavó su obra de otro gigante, el Coloso de Rodas (que también tenía corona y antorcha, y estaba situado a la entrada del puerto). Fueron todos esos argumentos los que llevaron a América a decir sí.