HERCULÍNEAS | O |
14 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.SEGUNDO ROUND, suena la campana. El púgil es M., 28 años. En el primer asalto lo tumbaron nada más subirse al ring, mientras que los que debían ayudarle a pelear contemplaban el espectáculo tomándose unas palomitas. M. creó una empresa en A Coruña, arriesgó lo que tenía, se subió al ring y perdió. «Lo voy a volver a intentar, voy a crear otra empresa», anuncia. Si hubiese nacido fuera de Galicia, hubiese sido más sencillo, pero decidió dar a luz a una empresa en A Coruña. Que es como un triple mortal sin red después de tres brugales con hielo. Además de palmadas en el hombro, a lo único que puede aspirar M. es a que la Xunta le dé dinero para comprar unos ordenadores. No me sirve el argumento de que, en estos casos, lo mejor es que el mercado se autorregule. Hasta en Nueva York, el paraíso del capitalismo, hay docenas de ayudas a jóvenes emprendedores, mujeres y miembros de las minorías étnicas. Aquí nos dan los ordenadores. Yupi. Estoy convencido de que, con una hipoteca a cuestas, cada vez habrá más jóvenes que tiren del carro. Pero, saliendo de la Xunta, las cosas no están mejor. Con menos excepciones que los dedos de una mano, las empresas y los grandes capitales coruñeses no se la juegan ni a tiros. Aquí sólo se apuesta al cupón, la Primitiva y, ahora, los Euromillones. ¿Dónde está el capital riesgo, aquello de apostar por nuevos proyectos? Parece que al capital no le sale rentable invertir en el futuro. Ni unos ni otros conocen a M. Lleva el riesgo empresarial en los genes. Algo de lo que no andan sobrados quienes deberían apoyarlo desde la esquina del ring. juan.gomezaller@lavoz.es