La mujer del acusado dice que estaba en casa con ella el día del crimen Los análisis realizados por los peritos revelan que no había restos de esperma en el cuerpo, pero sí de consumo de heroína y cocaína.
20 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.¿Cuál fue el móvil del crimen de Clara Castro? La Guardia Civil aseguró en su día que el ajuste de cuentas por drogas era la hipótesis más probable para explicar el asesinato de la mujer, cosida a puñaladas en su casa de O Temple (Cambre) el 25 de febrero del 2004. Según los investigadores, nada tuvo que ver con la muerte de su novio, Manuel Ríos, el hincha deportivista que falleció en una pelea cuatro meses antes a la salida del estadio compostelano de San Lázaro. Los abogados de las acusaciones y la defensa del único imputado por el crimen, Francisco Javier Boedo Ures, también desvincularon ambas muertes pero, tras tres días de juicio, celebrado con jurado en la Audiencia, sigue sin aclararse por qué fue asesinada Clara Castro. Ayer se supo, al menos, que el móvil sexual parece improbable. Los peritos del Instituto Nacional de Toxicología confirmaron, tras analizar la ropa y dos muestras vaginales de la víctima, que ésta no tenía restos de esperma. Otros informes revelaron que sí había tomado heroína y cocaína y que el consumo era «reciente». La mujer del procesado, el cual se enfrenta a penas de hasta 25 años de prisión, declaró ayer que él estaba en casa con ella cuando ocurrió el crimen de Clara Castro, sobre las ocho de la mañana. Así, explicó que aquel día llevó a su hijo al colegio sobre las ocho y media «y él estaba en cama todavía». «Nunca sospeché de mi marido. Sé que no es capaz de hacer algo así», añadió. La cuñada de Boedo Ures respaldó su versión de que las heridas que sufrió el 25 de febrero del 2004 fueron producto de una pelea tras comprar droga en Ferrol, y no, como afirman las acusaciones, a causa del forcejeo que mantuvo con Clara Castro al apuñalarla. «Fue al hospital porque yo se lo dije», señaló su cuñada. Otro de los testigos que declaró ayer tras ser localizado en el último momento fue un amigo de Clara Castro y del acusado. Reconoció que la mujer lo visitó el día anterior a su muerte y que Boedo Ures coincidió «una vez o dos» con ella meses antes de fallecer, aunque nunca habían consumido droga juntos. Sin embargo, no pudo precisar por qué días después del crimen se halló en su casa una navaja y un cojín con sangre.